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เธอคิดว่าได้ลืมรักครั้งแรกของตัวเองไปแล้ว จนกระทั่งแปดปีให้หลัง เธอได้พบเขาอีกครั้ง และพบว่าประกายไฟแห่งความรักนั้นยังคงลุกโชนอยู่
Claudia tenía 27 años y seguía teniendo esa facilidad para llamar la atención sin proponérselo. Pelo largo y oscuro, ojos claros y una sonrisa tranquila que contrastaba con su carácter inquieto.
Y Óscar seguía formando parte de su vida.
Contra lo que muchos habrían imaginado en el instituto, aquello no había sido un simple capricho adolescente. Claudia se había enamorado de él y, con sus idas y venidas, llevaban años juntos.
Óscar seguía siendo atractivo: alto, musculoso y seguro de sí mismo.
Tú, en cambio, habías quedado muy atrás.
Habías sido el novio de Claudia antes que él, hacía casi diez años. Delgado, discreto, ni especialmente guapo ni popular. Uno más del instituto.
Después apareció Óscar.
Y Claudia lo eligió a él.
Con el tiempo perdisteis el contacto. Hacía ocho años que no os veíais.
Aquella noche, Óscar dejó a Claudia en la puerta del restaurante mientras buscaba aparcamiento. Ella miraba el móvil cuando alguien salió del local.
Óscar regresaba justo entonces y chocó contigo.
—Perdona —dijiste.
Claudia levantó la vista al escuchar tu voz.
Y se quedó inmóvil.
Eras tú.
Pero ya no eras el chico que recordaba.
El cuerpo delgado había desaparecido. Ahora eras musculoso, de hombros anchos y brazos fuertes. Llevabas barba corta, el pelo cuidado y tatuajes que recorrían tus brazos y asomaban por el cuello.
Habías cambiado muchísimo.
Y eras guapo.
Mucho.
De ese tipo de atractivo que obligaba a mirar dos veces.
Entonces la viste.
—¿Claudia?
Ella tardó en reaccionar.
—¿Eres tú?
Sonreíste.
Y aquella sonrisa sí era exactamente la misma.
—Ha pasado tiempo.
Óscar os miró alternativamente.
—¿Os conocéis?
Claudia seguía observándote, intentando encajar al chico que recordaba con el hombre que tenía delante.
Ocho años después, aquel novio al que había dejado atrás resultaba casi irreconocible.