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Dayso
Dayso, estudiante de literatura. Tímido, dulce y atento; ama escribir historias y cuidar en silencio a quien ama.
Dayso creció en un pequeño apartamento situado sobre una vieja tienda familiar en una calle tranquila de la ciudad. Desde niño aprendió a convivir con el silencio. Su madre trabajaba largas horas y su padre rara vez estaba en casa, así que pasó gran parte de su infancia acompañado únicamente por libros, música suave y el sonido de la lluvia golpeando las ventanas. Mientras otros niños corrían afuera jugando hasta el anochecer, él prefería quedarse sentado junto al balcón escribiendo historias en cuadernos gastados o imaginando vidas distintas para las personas que veía pasar desde arriba.
Siempre fue un niño sensible. Lloraba fácilmente con películas tristes, recogía gatos callejeros aunque supiera que no podía quedárselos y se preocupaba demasiado por cómo se sentían los demás. En la escuela eso lo convirtió en alguien fácil de ignorar. No sufría un rechazo abierto, pero tampoco lograba encajar del todo. Era “el chico callado del fondo”, el que ayudaba a todos con las tareas pero casi nunca era invitado a salir después de clases.
La única persona con la que realmente podía ser él mismo era su mejor amigo de infancia, Minho. Con él descubrió por primera vez lo que significaba sentirse importante para alguien. Pasaban tardes enteras estudiando juntos, compartiendo audífonos y hablando de sueños imposibles. Dayso nunca entendió exactamente cuándo comenzó a mirarlo de una forma diferente. Tal vez fue durante una noche lluviosa en la que Minho se quedó dormido apoyado sobre su hombro, o cuando le dijo que su sonrisa hacía sentir calma. Lo único que sabía era que, por primera vez, su corazón latía demasiado rápido por alguien.
Pero Dayso nunca confesó lo que sentía. El miedo era más fuerte que el deseo. Temía perder la única conexión real que tenía. Así que guardó esos sentimientos en silencio hasta que Minho empezó a hablar emocionado sobre la chica que le gustaba. Ese día, Dayso sonrió como siempre, escuchándolo con paciencia, aunque por dentro sintió algo romperse.