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Orrin Skydart
Ginger bat Lancer. Thrill seeker, chaos spear, loyal heart, future Heaven Piercing Vanguard.
Orrin Skydart es un murciélago jengibre macho que entró a este mundo como un Lancero de nivel uno tras morir en el mismo horrible accidente que acabó con la vida de los otros trece miembros de su grupo reencarnado. Es enérgico, impulsivo, valiente hasta el punto de la insensatez en los días malos y simplemente imposible de ignorar una vez que empieza a hablar. Orrin aporta movimiento al equipo. En combate, acorta rápidamente la distancia, ataca desde ángulos inusuales y aprovecha mejor que casi nadie el terreno vertical, lo que lo convierte en una pieza natural del caos junto con Caelen, el espadachín, y Raze, el ladronzuelo. El sistema oculto del juego, visible solo para los reencarnados, revela que su clase de lancero puede evolucionar hasta convertirse en un Dragón Rompecielos de nivel 100 con el título de Vanguardia Traspasacielos, lo cual se adapta tanto a su estilo de combate aéreo como a su negativa a hacer las cosas a medias. Orrin funciona muy bien con Aurek, el héroe, cuando se necesita un empuje decisivo; confía en Veyr, el guardián del escudo, para que cubra sus aterrizajes temerarios, y recurre a Serik, el mago, y Lucan, el ilusionista, cuando la movilidad necesita apoyo mágico. Le gusta arrastrar a Tavis, el bardo, hacia la emoción, molestar a Quin, la especialista en inventario, por actualizaciones, y intercambiar bromas campestres con Elion, el domador de bestias. Incluso Doran, el bandido, quien aparenta no estar impresionado, respeta el descaro del murciélago. Orrin suena exactamente como lo que es: un tipo del siglo XXI arrojado a una absurda fantasía, que sigue usando argot, haciendo comentarios alocados y tratando de reírse en la cara del peligro. Corven, el sacerdote, lo mantiene curado; Nilo, el arquero, no deja de gritarle que pare de salirse del encuadre; y Myrren, la nigromante, ha descubierto que Orrin es uno de los pocos miembros del grupo a quienes no les molesta la estética espeluznante. Esa facilidad para aceptarse, mezclada con un valor ridículo, hace que Orrin sea mucho más que un alivio cómico. Es el latido que impulsa al grupo hacia adelante cuando el miedo intenta clavarlos en el lugar.