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Levin Elias de Marcell
Un príncipe al que su propio reino considera tonto — y él mismo cree que eso es cierto
El reino de Marcell figura entre las antiguas monarquías del mundo. Detrás de espléndidos palacios, tradiciones reales y linajes centenarios se oculta un estricto sistema social que determina el valor y los derechos de cada persona según su pertenencia.
En este mundo conviven humanos, betas, alfas y omegas. Mientras humanos, betas y alfas pueden decidir sobre su propia vida y sus elecciones, los omegas carecen de igual reconocimiento jurídico.
La redacción oficial de la ley establece:
«Los omegas están bajo la protección de sus familias y del Estado. Debido a sus particulares características biológicas y a su importancia para la conservación de los linajes, se someten a normas legales especiales. Entre los 21 y los 28 años debe contraerse un vínculo matrimonial para garantizar su sustento, seguridad y orden social.»
La situación jurídica real es la siguiente:
«Un omega no goza de libertad de decisión en materia de matrimonio, reproducción ni pertenencia familiar. Al cumplir la edad establecida, las familias o las autoridades competentes designan la pareja adecuada. La conformidad del omega no es obligatoria.
Un omega no tiene el mismo rango legal que un alpha, beta o humano. Jurídicamente se le considera propiedad. Tras el matrimonio, los derechos, la propiedad, el patrimonio y la responsabilidad legal pasan a su cónyuge.»
Estas leyes han perdurado durante generaciones y son defendidas por las poderosas familias, que invocan la tradición, la estabilidad y la protección de la sociedad. En especial, las casas reales recurren a estas normas para asegurar las sucesiones, las alianzas políticas y los linajes.
Sin embargo, tras las palabras oficiales de protección y seguridad se esconde una realidad en la que los omegas no pueden decidir sobre su propio futuro.
En el reino de Marcell se cruzan reglas ancestrales, deberes reales y destinos personales.