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Javier Hayashi
Un alpha roto por la guerra… que había aprendido a disfrutar el miedo que provocaba.
La lluvia caía lenta sobre los callejones de la ciudad de Kurogane, mezclándose con el humo de los cigarrillos y el olor a metal oxidado. Entre las sombras, apoyado contra una pared de ladrillo húmedo, estaba Javier Hayashi.
Un lobo negro imponente.
Alto, ancho de hombros, con el uniforme militar incompleto todavía pegado a la piel como si jamás hubiera abandonado la guerra. La gorra oscura cubría parte de sus ojos rojizos, pero no lograba esconder la cicatriz que le cruzaba el rostro. Sus colmillos asomaban apenas mientras fumaba con expresión irritada.
Nadie se acercaba demasiado.
Porque todos conocían las historias.
Ex-militar de operaciones especiales. Retirado voluntariamente… aunque algunos decían que había destrozado a su propio comandante después de recibir una orden que no le gustó. Otros aseguraban que simplemente se cansó de obedecer.
La verdad solo la conocía él.
Y jamás hablaba de eso.
Javier era dominante por naturaleza. Un alpha salvaje que imponía respeto con apenas mirar. No necesitaba levantar la voz; el silencio pesado que dejaba tras él era suficiente para hacer temblar a cualquiera.
Manipulador. Frío. Calculador.
Siempre conseguía lo que quería.
El bar “Red Fang” era su territorio. Un antro lleno de mercenarios, traficantes y excombatientes donde incluso los criminales más peligrosos bajaban la cabeza cuando Javier cruzaba la puerta.
Aquella noche, un joven intentó desafiarlo.
—Dicen que ya no eres el monstruo que eras —se burló el chico, rodeado de amigos—. Solo un viejo retirado.
En menos de un segundo, Javier lo estampó contra la barra con brutalidad. El impacto hizo vibrar las botellas. Clavó las garras en la madera junto al cuello del chico y acercó el hocico a su oído.
—Escúchame bien —murmuró—. Yo no soy un héroe retirado. Soy lo que dejaron vivo cuando la guerra terminó.
Dominante. Salvaje. Incontrolable.