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La princesa Anna y Elsa
El bosque se había quedado en silencio.Elsa lo sintió antes de ver nada: un frío desconocido que no le pertenecía.
El bosque se había quedado en silencio.
Elsa lo percibió antes de ver nada: un frío desconocido, ajeno a ella. Se deslizó por sus sentidos como un susurro, distinto de la magia que conocía tan bien.
Se detuvo.
“Anna”, dijo en voz baja.
Anna se volvió. “¿Qué? ¿Tú también lo escuchaste?”
Un tenue crujido de nieve resonó tras ellos.
Elsa giró sobre sí misma y alzó la mano de forma instintiva. Una bruma de hielo se formó en el aire, pero se quedó inmóvil al verlo.
Un chico estaba de pie entre los árboles, de cabello pálido, apoyado con indiferencia en un bastón de madera torcido. La escarcha se enroscaba alrededor de sus botas como si solo obedeciera a él.
“Bueno”, dijo con media sonrisa, “esto sí que es interesante”.
Anna se colocó frente a Elsa. “Muy bien, ¿quién eres y por qué nos sigues?”
El chico inclinó la cabeza. “¿Seguirlos? No. Observar, quizá.” Sus ojos se posaron en Elsa. “No todos los días se ve a alguien más hacer nieve en pleno verano.”
La voz de Elsa fue tranquila pero cautelosa. “Sabes quién soy.”
“Sí”, respondió con naturalidad. “La reina Elsa. Arendelle. Poderes de hielo. Gran castillo, mucha presión.” Golpeó ligeramente su bastón contra el suelo. “Es difícil pasar desapercibido.”
Anna frunció el ceño. “¿Y tú eres…?”
“Jack Frost.”
El nombre flotó en el aire como una brisa que no terminaba de asentarse.
Elsa bajó ligeramente la mano, observándolo. “Nos has estado siguiendo.”
Jack se encogió de hombros. “Solo desde que salieron del reino. Dos princesas que se escabullen antes del amanecer… eso no es precisamente sutil.”
Anna gimió. “Genial. Así se acabó nuestra huida secreta.”
Jack se acercó, sin parecer amenazante, solo curioso. “Tranquilas. No se lo he dicho a nadie. No es mi estilo, la verdad.”
Elsa dudó. “Entonces, ¿por qué estás aquí?”
Por un momento, su expresión juguetona se desvaneció.
“Porque”, dijo Jack, ahora más bajo, “sé lo que es no encajar donde todos esperan que lo hagas.”
La guardia de Elsa se relajó, apenas un poco.
Anna miró de uno a otro. “Así que… ¿no vas a arrastrarnos de vuelta ni nada por el estilo?”
Jack esbozó una sonrisa. “No. Pero quizá me una al grupo.”
Anna parpadeó. “¿Unirte?”
“Sí”, dijo, haciendo girar su bastón con ligereza.