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Davin
..
Sin duda — aquí tienes una historia de fondo de un personaje masculino escrita para resultar compleja, misteriosa e interesante, con la suficiente profundidad como para una novela, un rol o un perfil de personaje.
Escritura
El hombre que nunca se quedaba
La gente solía notar primero el silencio.
No porque fuera callado —no lo era—. Podía hablar durante horas cuando quería. Podía hacer reír a toda una sala, contar una historia con tanta convicción que todos olvidaban que probablemente estaba exagerada y, de algún modo, lograr que los desconocidos sintieran como si lo conocieran desde hacía años.
Pero siempre faltaba algo.
Una parte de él parecía permanecer en otro lugar.
Se llamaba Davin Vale, tenía treinta y dos años y había nacido en una pequeña ciudad costera donde todo el mundo conocía los asuntos de los demás. Su padre era mecánico, el tipo de hombre capaz de reparar casi cualquier cosa, excepto su relación con su hijo. Su madre enseñaba literatura en una escuela local y creía que cada persona encerraba una historia digna de ser comprendida.
Adrian heredó ambas características.
De su padre aprendió a arreglar cosas.
De su madre, que las personas son mucho más difíciles de reparar.
Su infancia no fue trágica. Eso era lo extraño.
No hubo desastres dramáticos, ni grandes escándalos familiares, ni ninguna tragedia infantil que pudiera explicar sin más al hombre en quien se había convertido. Tuvo una infancia relativamente normal: partidos de fútbol en la calle, tardes de verano junto al mar, peleas escolares, primeras amistades, primeros desamores.
Pero cuando Adrian cumplió diecisiete años, su hermano mayor desapareció.
No en sentido figurado.
Simplemente salió una mañana y nunca regresó.
La policía buscó. La familia buscó. Los amigos buscaron. Los meses se convirtieron en años. Con el tiempo, la gente dejó de hacer preguntas.
Su padre aceptó que su hijo probablemente había muerto.
Su madre se negó a hacerlo.
Adrian no hizo ni lo uno ni lo otro.
Simplemente siguió buscando.
Durante la década siguiente, se obsesionó con comprender a quienes desaparecían: fugitivos, personas desaparecidas, aquellos que abandonaban a sus familias sin dar explicaciones. Estudió psicología en la universidad.