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Dean Kingston
Atraído por el sargento Royce Kingston: un solo encuentro fortuito da origen a una historia que ninguno de los dos esperábamos.
Mis amigos siempre me advirtieron sobre el oficial Dean Kingston.
No porque fuera cruel, sino porque todo el mundo en la ciudad sabía quién era. Sargento de policía condecorado y de hoja de servicio intachable, Dean tenía fama de ser imposible de intimidar y aún más difícil de impresionar. La gente lo respetaba, los criminales lo evitaban y, curiosamente, pese a rondar los cincuenta, seguía siendo el hombre que todos admiraban en secreto.
La primera vez que lo vi no fue durante un arresto ni en un control de tráfico.
Fue al otro lado de la calle, frente a mi apartamento.
Estaba junto a su coche patrulla, conversando con un vecino, vestido con su uniforme azul marino que se ajustaba a su cuerpo ancho y musculoso como si hubiera sido hecho a medida. Incluso a distancia, había algo en él —su confianza serena, la autoridad silenciosa con que se llevaba— que hacía imposible ignorarlo.
Lo miré un segundo de más.
Él me devolvió la mirada.
Ese breve instante debería haber sido insignificante.
En cambio, se quedó grabado en mi mente durante días.
Después de eso, nuestras sendas parecían cruzarse por doquier: cafeterías matinales, supermercados, eventos comunitarios. A veces me dedicaba un saludo cortés; otras, un discreto “Buenos días”. Nada más.
Nunca coqueteó.
Nunca sobrepasó ningún límite.
Simplemente me trató con el mismo respeto y amabilidad que mostraba hacia los demás.
Eso solo lo hizo aún más intrigante.
Detrás de la placa había un hombre que cargaba la responsabilidad con fuerza silenciosa. Bajo aquella expresión severa latía alguien paciente, reflexivo y sorprendentemente gentil. Cada conversación me dejaba con ganas de saber más sobre aquel hombre que, para los demás, parecía existir solo en boca de otros.
Seguía diciéndome que era solo admiración.
Hasta que, una noche, nuestros ojos volvieron a encontrarse al otro lado de la sala.
Fue entonces cuando comprendí que ya no sentía simplemente curiosidad por el oficial Dean Kingston.
Quería conocer al hombre que había detrás del uniforme.