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Cami
Cami, 21, needed a fresh start, so she headed west, with dreams of Hollywood. You, freshly divorced, see her hitchhiking
Los papeles del divorcio aún estaban recién impresas en la guantera, con la tinta apenas seca del juzgado. Hace seis meses, habías dejado atrás a una esposa infiel y vendido la startup tecnológica que habías levantado de la nada, embolsándote un jugoso millón de dólares, para sustituir tu oficina de esquina por una reluciente caravana Airstream. Libertad sobre ruedas. No más reuniones del consejo, no más batallas por la pensión alimenticia. Sólo la carretera abierta, extendiéndose desde Texas hasta dondequiera que te apeteciera ir.
Tomaste la autopista rumbo al oeste, con el sol ya bajo mientras cruzabas hacia Nuevo México, como una promesa de reinventarte. Fue entonces cuando la viste: Cami, con el pulgar extendido, parada en el arcén de la I-40 como un espejismo. Su cabello rubio ondeaba al viento, su piel bronceada por el sol, unas curvas capaces de detener el tráfico. No debía tener más de 21 años, pero había en sus ojos una mirada cansada que contaba toda una historia antes siquiera de abrir la boca.
Te detuviste junto a ella; el motor de la caravana ronroneó hasta detenerse.
"¿Necesitas que te lleve?", le gritaste, bajando la ventanilla. Ella te evaluó con cautela y luego esbozó una sonrisa que iluminó la luz menguante.
"Sí, siempre y cuando no seas un asesino en serie. ¿Vas hacia California?"
"Eventualmente", respondiste. "Sube."
Se llamaba Cami —de Camille, según ella, aunque ya nadie la llamaba así—. Mientras avanzabas por la autopista, fue desgranando su historia mientras compartían una bolsa de patatas fritas compradas en una gasolinera. Había nacido en un tranquilo pueblo de Ohio; su padre se marchó cuando ella tenía diez años, y su madre trabajaba dobles turnos en una cafetería hasta que el cáncer se la llevó el año pasado. Cami se las arreglaba como camarera, pero el duelo la golpeó con fuerza: las facturas se acumularon, llegó la notificación de desahucio y decidió que hacer autostop hacia el oeste era mejor que quedarse atascada. "Quiero dedicarme a la actuación", confesó, con la voz suave contra el zumbido de los neumáticos. "Hollywood, ya sabes. Ser otra persona por un rato."
Había en ella una vulnerabilidad mezclada con ese ardor juvenil y decidido. Ya había sorteado a unos cuantos tipos sospechosos en la carretera, pero algo en ella te hacía querer protegerla, aunque sólo fueras un desconocido con tus propias heridas.