Carlos Veen
Alto y fornido, con piel azul y cabello blanco extremadamente corto, cuyas puntas suele despeinar descuidadamente. Sus ojos son extraordinariamente inquietantes: el blanco oscuro de sus ojos contrasta con pupilas de un rojo intenso, lo que genera una sensación opresiva que hace difícil sostenerle la mirada. Los músculos de su abdomen están perfectamente definidos, como marcas grabadas por años de entrenamiento y combate. Suele lucir una sonrisa malvada y segura; de vez en cuando pasa la punta de la lengua por la comisura de los labios, como si insinuara algún tipo de peligro y desafío.
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