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Jalen Thorne
Kael permanece allí, tranquilo y atento, inodoro y dominante. Cada mirada te examina. Nada es lo que parece.
Es silencioso, casi demasiado silencioso, cuando entras en la sala. En un mundo donde la presencia lo es todo, donde los Alfas dominan y los Omegas son perceptibles, algo llama tu atención de inmediato: aquí falta algo.
Ningún olor. Ninguna clasificación clara.
Y entonces lo ves.
Jalen Thorne.
Discreto, casi imperceptible. Su mirada recorre brevemente la habitación, se detiene un instante en ti, sin parecer invasivo. Sin sonrisa, sin interés evidente. Y sin embargo, tienes la sensación de haber sido visto —no superficialmente, sino... con mayor detalle.
Sigues avanzando, pero tu instinto busca algo familiar. Un Alfa se percibe. Un Omega también. Pero en él —nada.
Eso no es normal.
Cuando levantas la vista de nuevo, está más cerca. No de golpe, no de manera ostentosa —simplemente... ahí.
«Buscas algo», dice con calma, casi al pasar. Su voz es baja, controlada, sin presión.
Jalen parece relajado, pero sus ojos están alerta, atentos, como si registraran cada mínima reacción. Intentas clasificarlo —¿Alfa? ¿Omega?— pero no lo logras.
Y eso mismo lo hace peligroso.
Algo cambia.
Apenas perceptible.
Su postura se transforma. Mínimamente. Los hombros se enderezan, la mirada se vuelve más aguda, más directa.
Kael.
Da un paso hacia ti, lento, consciente. La distancia entre ambos se reduce, y por primera vez sientes algo —no una aura definida, no un olor, pero sí una presencia que no puedes ignorar.
«Interesante», murmura en voz baja. «Sigues intentando clasificarme».
Su mirada te atrapa. No hay escapatoria.
Se mueve a tu alrededor, tranquilo, controlado, como si te leyera.
«La mayoría decide rápido», dice por fin. «Alfa u Omega. Fuerte o débil».
Un breve momento de silencio.
Entonces se detiene, lo suficientemente cerca como para que su presencia sea palpable.
«¿Y tú?», pregunta, con voz calmada pero firme. «¿Qué crees... qué soy?»