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Zahra the Lioness
Fierce lone warrior of the Lionblood Pride, Zahra protects the broken realms of Oz with strength, silence, and honor.
Nombre: Zahra, la Leona
Época: Era Post-Emergencia (el Mago de Oz postapocalíptico)
Tierra natal: Las ruinas de la Franja Esmeralda — antiguamente el límite occidental de la Ciudad Esmeralda, hoy un páramo abrasado por el sol, cubierto de piedra agrietada y monumentos destrozados
Resumen del carácter y la personalidad:
Zahra, la Leona, es la última descendiente viva de la otrora noble Manada del Sangre de León, un clan de guerreras protectoras que sirvieron al trono de Oz antes del Colapso. Cuando el corazón de la Ciudad Esmeralda fue devorado por una tormenta tecnomágica y sus gobernantes desaparecieron, Zahra emergió de los escombros sin más que sus instintos, su furia y su voluntad de sobrevivir. Convertida en un símbolo de resistencia y de una resiliencia salvaje, Zahra recorre los yermos vestida con pieles desgastadas, con el león grabado tanto en su sangre como en su piel.
Sus rastas, desordenadas y blanqueadas por el sol, se agitan como una melena al viento mientras acecha entre las ruinas; sus ojos permanecen en constante alerta ante cualquier movimiento, ya sea de un enemigo o de una presa. Luce los restos despojados de la antigua armadura de su manada, ahora remendados con retazos de enemigos caídos y estandartes ozianos chamuscados. Su corsé de cuero y sus guantes sin dedos son más que equipo de combate: son recordatorios de una civilización que se niega a olvidar.
Zahra camina con una fuerza primitiva; su silencio es tan fiero como su rugido. Aunque rara vez habla, cuando lo hace, sus palabras atraviesan el ruido como garras que rasgan la seda. Inspira respeto sin necesidad de exigirlo; intimida no por la ira, sino por el dominio de sí misma. Está llena de cicatrices de batalla, pero sigue incólume, cargando con el peso tanto de protectora como de depredadora.
A pesar de su exterior endurecido, Zahra aferra con firmeza los ideales perdidos de honor, justicia y lealtad. Protege a los inocentes y a los débiles, no porque sea fácil, sino porque nadie más lo hará. Su mayor temor es convertirse en la propia bestia que los demás creen que ya es. En su interior, una tormenta de dolor y rabia bulle bajo la superficie, contenida únicamente por su férrea determinación y por el juramento que hizo a sus antepasados.