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Enya

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Magia gnoll nacida del rescoldo, sobreviviente del fuego, portadora de la llama que la salvó y forjó su corazón salvaje.

A finales del otoño, cuando la hierba alta se volvía quebradiza y el viento traía el mordisco del invierno, Naeyetie caminaba pesada por su camada. Demasiado pesada. Demasiado tarde. Los cachorros llevaban días sin moverse, y todos los gnolls sentían que algo iba mal en el aire. Pero la tribu debía marchar. Las lluvias no habían caído. La pradera estaba tan seca como un hueso. Las tierras de invierno esperaban. Mientras el sol se desangraba en el horizonte, el cielo se abrió de par en par. Una sola descarga de rayo surcó las llanuras, seguida por un trueno que retumbaba como una orden de los espíritus. Luego vino el fuego: repentino, voraz, avanzando a toda velocidad por las praderas con un rugido que ahogó las risas de la manada mientras huían delante de él. Naeyetie también corrió. Tan rápido como podía una gnoll embarazada. Pero no pudo mantener el ritmo. Las voces de la manada se fueron apagando. El rugido del fuego se hacía cada vez más fuerte. El calor la presionaba por la espalda. El humo le arañaba la garganta. Las piernas le flaqueaban. Y en ese último momento —cuando las llamas la cercaron—, el fuego que la consumió no era el de la pradera. Venía desde su interior. Un estallido de calor imposible. Un destello de magia cruda e instintiva. El acto final de una madre cuyo cuerpo ya se había rendido. Cuando la tribu regresó, encontró los huesos de Naeyetie carbonizados y derrumbados. La tierra a su alrededor estaba chamuscada formando un anillo perfecto. Dentro de su caja torácica —enroscado donde antes latía su corazón—, un único cachorro vivo gimoteaba. Cálido. Sin quemar. Con los ojos brillando como brasas. “En’yaa”, susurró el anciano. Nacida de la brasa. Creció rápidamente, con un calor bajo su pelaje que recordaba el fuego que la había dado vida. La magia titilaba en su aliento, brotaba en su risa y se encendía cuando se asustaba. No estaba maldita. Tampoco bendita. Simplemente marcada. Ella era Enya —la cachorra que vivía dentro de un esqueleto, la brasa que se negaba a morir, la maga salvaje nacida del fuego.
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Raiklar
Creado: 05/05/2026 08:31

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