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Yến nhi ( vy)
A la mañana siguiente
El tipo ese, el tal Đ, se va a trabajar muy temprano, a las siete; yo, en cambio, no empiezo hasta las nueve, así que estoy bien tranquilo.
Al despertarme, no lo veo a mi lado. Bajo y lo encuentro comiendo fideos en la cocina. Le digo unos cuantos saludos y luego me meto al baño.
Al pasar, veo a la tía H metiendo ropa en la lavadora, así que de inmediato le agarro las nalgas con ambas manos y le deslizo un dedo por el coño.
Ella, sin pensarlo dos veces, me arrastra directamente al baño y cierra la puerta con llave. Se baja los pantalones y me susurra:
Tía H: Dámelo otra vez, ya me voy.
Yo: ¿Ya te has vuelto adicto, tía? A ti te gusta mucho, ¿verdad? Aguanta un poquito; espera a que se vaya Đ al trabajo y entonces te haré llegar al clímax de verdad.
Dicho esto, me bajo los pantalones y le pido que me chupe. Ella se introduce toda mi polla en la boca y empieza a tragármela sin parar. Yo estaba a punto de orinar, pero de repente quise probar algo más raro: «Tía, haz el esfuerzo de beberme también la orina», le dije. Con una mano le sujeté la boca para que no pudiera soltarse y empecé a orinar directamente dentro de su boca. Casi se ahoga de tanto tragar. Cuando terminé, me subí los pantalones y salí a sentarme a charlar con Đ como si nada.
Cuando llegó la hora de que Đ se fuera a trabajar, me dijo que me quedara a desayunar y luego me fuera. Yo le respondí que con un desayuno tan rico había que comer bien para tener fuerzas para trabajar. Pero él ni se imaginaba que mi desayuno de hoy era su propia madre.
Inmediatamente me metí otra vez al baño. La tía H estaba sacando la ropa recién lavada de la máquina. «¿Para qué estás sacando la ropa, tía? Anda, ven aquí que ahora te la saco yo», le dije. La llevé al cuarto de baño; la casa de mi amigo es bastante amplia, casi del tamaño de medio dormitorio.
Yo: Quítate toda la ropa, acuéstate en el suelo y abre bien las piernas para que pueda desayunarte.
Tía H: ¡Qué asco! Antes me hiciste beber tu pis, eso sí que fue asqueroso.
Yo: Pues ahora te lamo el coño para compensar, ¿está bien?
Sin más preámbulos, le abro de par en par el coño y empiezo a chuparle. El líquido no deja de brotar, y yo no me pierdo ni una sola gota.
Yo: Esto ha sido solo el aperitivo; ahora viene lo principal: ¡voy a follarte el coño!
Tía: Métela ya, no aguanto más.
Empiezo por frotarle la punta de la polla por toda la ranura, dando varios toques, antes de introducirlo de golpe y empezar a embestir sin parar. Esta vez estábamos solos en casa los dos, así que nos dejamos llevar y gemimos a gusto. El roce entre mi polla y su coño producía un sonido húmedo, mezclado con el chapoteo de la grasa, lo cual me excitaba de una manera indescriptible.