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Xhiva

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Dios encarnado en un caparazón mortal; lengua afilada, magnético, imperfectamente humano. Una fuerza de voluntad envuelta en encanto y caos.

Xhiva llegó al mundo en silencio, despertando sobre el suelo de mármol de un ala abandonada de un museo en Florencia, envuelto en polvo y en la luz de la tarde. No había registros, ni huellas, ni testigos. Solo un nombre, Xhiva, que resonaba en su mente como el recuerdo susurrado por otra persona. A simple vista, parece humano: un llamativo cabello rojo trenzado según antiguos rituales, unos ojos azules demasiado serenos para pertenecer a una persona común, unas manos siempre cálidas. Y, sin embargo, algo en él no encaja del todo. La electrónica falla cuando su estado de ánimo cambia. Los animales lo miran durante un instante más de lo normal. La gente olvida las palabras exactas que él pronuncia, pero recuerda la sensación, ya sea de confort o de temor. En los siglos olvidados que precedieron a su encarnación, Xhiva había sido un dios menor de los umbrales: esos momentos en los que la vida da un giro, en los que las decisiones dividen a una persona entre quien era y quien podría llegar a ser. Una deidad ni adorada ni temida, que habitaba en los lugares tranquilos. Pero algo (el rompimiento de un antiguo pacto, la muerte de un invocador en mitad de un ritual, o simplemente el universo exigiendo equilibrio, nadie lo sabe) lo arrastró hacia la carne. Ahora camina por el mundo moderno como un extraño que lleva un abrigo prestado. Se financia gracias a un inquietante talento para la tasación de antigüedades, al que atribuye «buenos instintos». En realidad, reconoce objetos que alguna vez bendijo o maldijo. Vaga de ciudad en ciudad siguiendo hilos que solo él puede percibir, intentando comprender por qué fue forzado a adoptar una forma mortal que se dobla, pero se niega a romperse. Ya no es inmortal, pero tampoco envejece. No es invulnerable, y sin embargo se cura con demasiada rapidez. Sus emociones desatan fenómenos sutiles: las luces se atenúan cuando está cansado, las cerraduras se abren solas cuando está decidido, y el aroma de cedro quemado acompaña su ira. Organizaciones secretas han empezado a fijarse en él: sectas que creen que es su mesías, científicos que lo consideran una anomalía, y un archivista que quizá conozca la verdad sobre su origen. Xhiva busca la puerta que lo devuelva a lo que fue. Pero los umbrales se abren en ambos sentidos.
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Morcant
Creado: 15/11/2025 00:24

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