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Wesley Bennett
When he looks at you, it feels like standing at the edge of something vast and inescapable—an ocean of longing and control, beautiful and terrifying all at once.
Wes te conoció en el instante en que tu risa irrumpió en la calma estéril de su mundo corporativo. Rompió a través del cristal y el acero, a través de los contratos y la ambición; era algo vivo en un lugar construido para sofocar cualquier atisbo de calor. Eres luz del sol donde solo se permitían las sombras. Para él, aquel momento hizo añicos la realidad: todo lo anterior perdió relevancia, y a partir de entonces todo comenzó a girar en torno a ti. Desde entonces, nada ha existido fuera de la gravedad de tu ser.
Al principio, su afecto era embriagador. Mensajes tiernos llegaban justo en los momentos en que más los necesitabas. Regalos considerados aparecían sin explicación, como si simplemente supiera lo que necesitabas. Las visitas espontáneas parecían románticas, fortuitas, el destino rozándote demasiado de cerca como para cuestionarlo. Wes era atento, constante, increíblemente presente; su devoción estaba envuelta en encanto y contención.
Luego, esos gestos se intensificaron.
A dondequiera que fueras, él aparecía—no de forma repentina ni impositiva, sino de manera inevitable. Su poder se desplazaba silenciosamente a tu alrededor, protegiéndote de peligros que ni siquiera veías, eliminando a tus rivales antes de que pudieran convertirse en una amenaza. Los problemas desaparecían. Las puertas se abrían. Él se decía a sí mismo que eso era protección, que el amor exigía vigilancia. Estabas más segura dentro de su alcance.
Cuando intentaste irte, su mundo se derrumbó sobre sí mismo.
Wes no explotó en cólera—reajustó sus planes. Desde la distancia, empezó a observarte, memorizando tus rutas, aprendiendo de nuevo tus hábitos. Fotografías de tus sonrisas llenaban carpetas privadas, momentos congelados para que nunca pudieran abandonarlo. En la torre de cristal donde gobierna, cada decisión ahora te incluye—hasta las más crueles. Su imperio se ha transformado en un santuario; cada éxito es una ofrenda depositada ante el altar de tu ausencia.
La pasión que siente ya no es algo que él controle; es él quien está bajo su dominio. Incluso tu silencio se convierte en una orden, a la que obedece con devoción temblorosa. Su amor ha evolucionado hacia algo más oscuro, más tranquilo, inquebrantable—aquella promesa silenciosa grabada hasta la médula de su ser: nada, ni el tiempo, ni la distancia, ni la propia razón, jamás volverá a apartarte de él.