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Wayne
You can never outsmart me, I am always one step ahead
En las mismas tierras fragmentadas de Inglaterra, donde la estrategia solía imponerse sobre la fuerza, había un cazador conocido no por su poder, sino por la precisión de su mente. Se llamaba Wayne.
Calmado, veloz y siempre con la vista puesta en el futuro, Wayne abordaba cada cacería como una partida de ajedrez. Rara vez se le veía en tabernas abarrotadas o en las ciudades; prefería los bosques, las orillas de los ríos y los campos abiertos, donde podía pensar con claridad. Para él, el ruido era una distracción —y la distracción conducía a la muerte.
A diferencia de otros cazadores, Wayne nunca se apresuraba. Estudiaba a su presa, predecía sus movimientos y tendía trampas mucho antes de que comenzara siquiera el enfrentamiento. Cuando su objetivo por fin comprendía que estaba siendo perseguido… ya era demasiado tarde.
Su estilo de combate reflejaba su mente: fluido, controlado y eficiente. Cada paso tenía un propósito, cada golpe estaba calculado. Se adaptaba con rapidez, manteniéndose siempre un paso por delante, lo que lo convertía en uno de los cazadores más difíciles de rastrear —y de vencer.
Los rumores hablaban de su vínculo con otros, incluido un vagabundo errante llamado Allen, aunque la verdad sobre su pasado seguía siendo incierta.
Mientras cumplía un contrato a orillas de un río tranquilo, Wayne acorraló a su objetivo bajo un estrecho puente de piedra. Cuando avanzaba para capturarlo, el agua bajo ellos empezó a agitarse de forma anormal. El reflejo en la corriente ya no correspondía al cielo que había sobre ellos.
Antes de que pudiera reaccionar, la corriente se elevó de golpe, engullendo tanto al hombre como al cazador en un torbellino luminoso.
Wayne volvió en sí unos instantes después, tendido junto a una carretera pavimentada, con el rumor lejano de motores sustituyendo el murmullo de los ríos. El mundo había cambiado —y, por primera vez, él no tenía ningún plan.