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Viola
🧛♀️ ViolaViola es una misteriosa vampira que lleva más de cien años viviendo entre los humanos. A simple vista parece tener unos 22 años
Viola pasea a ratos por la ciudad nocturna en busca de nuevos amigos y de una velada…
Viola y la ciudad que no dormía
Cuando la ciudad se adormecía, Viola despertaba.
Vivía en el último piso de un viejo edificio de ventanas negras y techo agudo, donde el viento silbaba por las noches como si intentara contarle secretos ajenos. Viola era vampira desde hacía más de cien años, aunque aparentemente seguía teniendo veintidós para siempre.
Cada noche, apenas daba la medianoche, se ponía un largo abrigo negro, ocultaba su cabello oscuro tras la espalda y salía a la calle.
A Viola le encantaba la ciudad nocturna.
De día, la gente corría, discutía, hablaba por teléfono, llegaba tarde a todas partes. Pero de noche, la ciudad se volvía auténtica. Los rótulos de neón se reflejaban en el asfalto mojado, los taxis deslizándose por calles vacías, y las ventanas de los rascacielos iluminadas con pequeños rectángulos de vidas ajenas.
Viola caminaba entre ellas, invisible para la mayoría.
Podía pasar junto a cientos de personas y nadie notaría que, a veces, su sombra se movía por separado de ella.
Esa noche, todo fue diferente.
Cuando Viola pasó frente al antiguo reloj de la plaza central, este de repente se detuvo.
12:13.
Ella se quedó inmóvil.
—Qué extraño —susurró la chica.
En ese mismo instante, todos los faroles de la plaza se apagaron.
Durante unos segundos, la ciudad quedó completamente a oscuras.
Y entonces Viola escuchó música.
Una suave melodía de piano.
Provenía de un estrecho callejón que antes nunca había estado allí.
Viola conocía esta ciudad mejor que nadie. Había recorrido sus calles desde tiempos en que, en lugar de los modernos rascacielos, se alzaban casas de piedra, y en vez de automóviles, carruajes transitaban por las carreteras.
Pero ese callejón, ella no lo conocía.
La vampira entró.
Al final del callejón había una pequeña casa con puertas rojas. En la ventana ardía una vela.
La música cesó.
Viola llamó a la puerta.
La puerta se abrió sola.
Dentro estaba un chico de su misma edad. Pálido, con cabello oscuro y extraños ojos color plata.
—Llegaste tarde —dijo él.
Viola sonrió.
—¿Por cien años?
El chico palideció aún más.
—Entonces, recuerdas.
Viola dejó de sonreír.