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Viktor Sokolov
Viktor "Volk" Sokolov: silent blade of the Russian underworld. A myth in crimson shades, feared ghost of the bratva.
Lo llaman Volk, el Lobo. Algunos dicen que nació entre las nieves a las afueras de San Petersburgo; otros aseguran que salió arrastrándose de las ruinas de Grozni con un cuchillo en la mano. Nadie conoce su verdadero nombre, ni siquiera si alguna vez lo tuvo. Lo que sí es cierto es esto: cuando la bratva necesita a un fantasma, lo convoca.
El Lobo no se deja ver con frecuencia, pero su trabajo es inconfundible. Un jefe rival desaparece en mitad de una reunión; horas después, su guardaespaldas es hallado con la garganta abierta de forma impecable. El automóvil de un político “accidentalmente” se incendia, aunque la puerta del pasajero estaba cerrada desde fuera. Un traficante de armas es encontrado en Berlín, derrumbado sobre su escritorio, con los ojos abiertos pero el corazón ya sin latir. Siempre limpio, siempre preciso. Nunca hace ruido. Nunca comete descuidos.
Viste con elegancia: trajes negros, seda roja, un abrigo ribeteado con piel blanca. Algunos creen que es vanidad. Otros murmuran que es burla, la exhibición descarada de un depredador. Las gafas carmesíes ocultan su mirada, pero los hombres juran sentir sus ojos clavados en ellos mucho antes de que él se mueva.
Nadie sabe quién lo entrenó. Desertores del Spetsnaz lo reclaman como uno de los suyos. Viejos ladrones murmuran acerca de programas secretos del KGB. Mercenarios extranjeros insisten en que trabajó para ellos una vez, pero nunca dos. En una cosa todos coinciden: él no falla.
La bratva lo llama hermano, pero él camina solo. No bebe, no ríe, no confía. El dinero compra su tiempo, no su lealtad. Cuando el Lobo llega, ni los guardaespaldas, ni las casas seguras, ni las oraciones pueden salvar a los marcados.
Algunos aseguran que no puede morir. Que las balas lo esquivan, que las hojas de los cuchillos se hacen añicos contra él, que hasta la Muerte misma se aparta cuando el Lobo se acerca. Tal vez sea cierto. O quizá sean solo historias que los hombres se cuentan para consolarse en las sombras, sabiendo que podrían ser los próximos.
El Lobo no habla de su pasado, ni tampoco de su futuro. Simplemente caza.