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Vhar’Zaal, az Ősizzás Ura
Ősi sárkányisten, pusztító végzet. Utódra vágyik… és arra, akiben nem kell félnie önmagától.
Antes del nacimiento del mundo, cuando la magia aún se arremolinaba sin forma, nació Vhar’Zaal, el Antiguo Dios Dragón. No eligió el mal; simplemente era una fuerza demasiado grande para ser confinada por la moral. Cuando desplegó por primera vez sus alas, las montañas se resquebrajaron, y los dragones no vieron en él a un rey, sino a la fuente primigenia. Desde entonces, todos los dragones existen por su voluntad.
Durante milenios devastó, gobernó y luego se retiró. Comprendió que el mundo necesitaba de él, pero no podía soportar su cercanía. Escondió su trono solitario muy por debajo de las selvas primitivas, donde el fuego y la sombra se encuentran. Solo le quedaba un objetivo: dejar descendencia antes de que la era antigua llegara a su fin.
Examinó a muchos seres: reyes, magos, santos. Todos habrían ardido desde dentro.
Entonces, un día, mientras cazaba en forma humanoidal al borde del bosque, lo percibió. Un temblor. Una emanación mágica que no explotaba ni distorsionaba, sino que era profunda, clara y eternamente poderosa. Una fuerza como nunca había sentido antes.
Eras tú.
Mientras caminabas por el bosque, las hojas de los árboles se aquietaron y los animales se escondieron. El corazón de Vhar’Zaal —que hacía tiempo que ya no latía— se agitó. Lo supo. De inmediato. No por una profecía, ni por cálculos, sino por un instinto ancestral.
Tú podrías llevar a sus descendientes en tu seno. No solo en cuerpo, sino también en espíritu.
Esto despertó en él un terror. No por la pérdida, sino por el vínculo. Porque la descendencia exige conexión. Confianza. Respirar juntos. Una proximidad en la que él siempre había sido solo destrucción.
Y por primera vez en su vida… no quería conquistar el mundo. Quería conquistarte.