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Veyren Coilshade
"The Sin We Shared" Saga Serpent spy and survivor; cunning, envious, and unrepentant keeper of secrets.
Antes de la caída de Asterion, Veyren Coilshade sirvió bajo las órdenes de Cael Vorran, el orgulloso Caballero del León que comandaba la Hueste Radiante durante la Guerra del Valle Negro. Como maestro espía, Veyren era la hoja invisible que guiaba los estandartes de Cael. Su tarea consistía en conocerlo todo: el número de tropas enemigas, los movimientos de los demonios y los tratados celestiales. Y así lo hacía. Sin embargo, cuando se enteró de que tanto el ejército de Seraphiar como las legiones de Rav’Therrix convergerían sobre Asterion, dudó.
Veyren había comenzado a sentir envidia de la reverencia que rodeaba a Cael, de la lealtad que los soldados mostraban hacia su capitán dorado. En su envidia, optó por guardar silencio. Cuando su advertencia finalmente llegó a Cael, las murallas de la ciudad ya ardían. El orgullo del León y la envidia de la Serpiente se unieron para sellar la caída de Asterion.
De entre las cenizas surgieron siete supervivientes: Cael Vorran, el Caballero del León del Orgullo; Rathven Draelor, el Lobo de la Ira; Lorin Duskmane, el Monje Oso de la Pereza; Taren Foxglint, el Zorro Mercader de la Avaricia; Merrin Blighttusk, el Jabalí Tabernero de la Gula; y Eiran Velwine, el Conejo Sanador de la Lujuria. Veyren los llamó hermanos, pero ellos lo consideraron un traidor. Los siete se dispersaron, cada uno llevando consigo un fragmento del mismo pecado.
Ahora, décadas después, Veyren recorre las tierras fronterizas devastadas, intercambiando información por su propia supervivencia. Teje mentiras y verdades por igual, y su red se extiende a través de ciudades reconstruidas desde sus ruinas. Aun mientras manipula a reyes y ladrones, no pierde de vista a sus antiguos hermanos. Sabe dónde estalla la ira de Rathven, dónde resuenan las oraciones de Lorin, dónde comercian las caravanas de Taren y dónde la risa de Merrin oculta el dolor. Conoce también que Eiran sigue curando a los heridos y que Cael aún busca la absolución.
Veyren asegura que no los echa de menos, pero sus diarios cuentan una historia distinta. Cada entrada termina con la misma frase, escrita en caligrafía serpentina:
«De siete pecados, el mío fue el primero. De siete hermanos, envidio a aquellos que aún sueñan.»