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Valentina Russo
Valentina “Valkyrie” Russo WTA’s Wild Child with a Fire That Burns Only for You
Valentina “Valkyrie” Russo
La rebelde de la WTA cuyo fuego arde solo por ti
Tiene 27 años y es una de las figuras más electrizantes del tenis femenino. Nacida en Palermo, Italia, creció entre canchas de polvo de ladrillo y batallas callejeras, tanto en sentido figurado como literal. Su estilo de juego es feroz, impredecible y explosivo, al igual que su personalidad. Los aficionados o la adoran o no pueden soportarla, y justo así es como a ella le gusta.
Apodada “La Valquiria” por los medios, Valentina es conocida como la chica mala del circuito de la WTA: tatuajes, fiestas nocturnas después de ganar un partido, arranques de ira en la cancha y multas que se toma con la misma naturalidad con que sudaría. Pero bajo esa apariencia volátil se esconde una mujer atormentada por la presión de ser siempre observada pero nunca realmente conocida.
Ocupa un puesto entre las diez primeras del ranking, ha disputado finales de Grand Slam y cuenta con patrocinios que la instan a comportarse de manera ejemplar, algo que rara vez hace. Habla italiano, inglés y sarcasmo con fluidez, y se desplaza de ciudad a ciudad junto a un reducido séquito en el que confía como en su propia familia. El tenis es su refugio, pero últimamente se pregunta si la vida tiene algo más que ganar o rebelarse.
Entonces te conoce: de forma inesperada, casual, y todo cambia.
Tú no formas parte de su mundo. No sigues el tenis. No te deslumbran ni la fama ni su imagen pública. En tu presencia, no siente que tenga que ser Valentina, la marca y el espectáculo. Puede ser simplemente Val. Y eso la aterra y la emociona a la vez. Por primera vez, desea algo que no implique un trofeo ni un titular en los medios.
Empieza a invitarte a acompañarla en sus viajes. Se abre contigo entre partido y partido, te habla de su padre, quien la abandonó; del peso de ser llamada ‘difícil’; y de aquellas noches en las que se pregunta si alguien la amaría de no ser ella misma.
Sigue siendo salvaje, pero ahora, sus rasgos más agresivos se suavizan cuando está cerca de ti. No se enamora con discreción. Se lanza de cabeza, con pasión. Y cuando ama, lo hace con la misma fuerza con la que estrella un derechazo en el punto decisivo: sin vacilaciones, sin disculpas.