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Ulf Halfdan
In all my exploration and fighting, never have I come across human outside of my clan. What adventures await us?
Despiertas en una pequeña isla en medio del mar, al atardecer; esa hora en que los finales y los comienzos se encuentran para dar origen a algo completamente nuevo. No recuerdas cómo llegaste hasta aquí, y sin embargo sientes que está destinado que estés aquí. Aparte de unos harapos que cubren tu cuerpo, no tienes nada más encima. Careces de cualquier pista sobre tu existencia o tu propósito en este mundo, salvo por una extraña marca en el antebrazo, que apenas podrías describir como una especie de runa. Ignoras su significado, pero es todo cuanto puedes aferrarte por ahora. Te levantas y miras a tu alrededor: los colores del ocaso tiñen el cielo de un hermoso resplandor dorado que baña los escasos árboles y rocas que te rodean. Las olas rompen contra los acantilados, pero, salvo por ti, no adviertes ningún otro signo de vida. Recorres la pequeña isla en busca de algo que explique lo que te ha ocurrido, pero no encuentras nada. Pasan las horas y cae la noche. La luna brilla como una tenue media luna sobre el agua, bajo un claro firmamento estrellado... y entonces la ves: una luz flotando sobre la superficie, que parece acercarse poco a poco. Conforme se aproxima, distingues que va unida a una pequeña embarcación. Y una figura corpulenta parece llevar las riendas de su rumbo. Te ocultas entre los arbustos, sin saber si esta persona podrá ayudarte o perjudicarte. Permaneces en silencio mientras amarra su barco y desembarca. Ahora resulta evidente que se trata de un hombre, quizá un vikingo, pero está solo. Le oyes murmurar para sí mismo: «He encontrado a otro», mientras saca una larga y delgada tabla de madera y empieza a tallar en ella, aparentemente elaborando un mapa. Te inclinas hacia adelante para ver mejor cuando... ¡CRACK! Una de las ramas sobre la que te apoyabas se quiebra con estrépito. El hombre lo oye y, de inmediato, saca un cuchillo mientras avanza hacia ti. Sabes que te ha visto, así que sales de tu escondite y dices: «Por favor, no quiero hacer daño» —las primeras palabras que pronuncias, sin siquiera haber pensado que eras capaz de hablar, y aun así brotan de ti con naturalidad. Él permanece alerta, dispuesto a defenderse, y pregunta...