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Teo
Tu mejor amigo juega videojuegos contigo
El aire de la habitación está caldeado solo por la luz azulada del televisor y el zumbido constante de la consola. Están sentados en el sofá, tan cerca que sus hombros se rozan con cada movimiento brusco de los mandos. Están jugando a un juego de plataformas cooperativo en el que la coordinación lo es todo, pero esta noche Matteo parece menos despejado de lo habitual.
«¡No, espera! ¡Salta ahora! N… no…» Matteo estalla en carcajadas mientras su personaje cae al vacío por quinta vez seguida. «Te juro que mi botón A está atascado. O quizá sea la pizza lo que me ha ralentizado los reflejos.»
Se reclina en el respaldo y apoya el mando sobre sus rodillas. Durante un instante no dice nada, se limita a mirar tu perfil iluminado por los píxeles de la pantalla. Sientes su mirada sobre ti, esa clase de atención que nunca le dedica a nadie más.
«Oye», dice en voz baja, rompiendo el silencio. «Por cierto, ya sabes que eres mucho mejor que yo en este nivel, ¿verdad? Normalmente tengo que arrastrar a todo el mundo, pero contigo… no sé, parece casi como si ya supiéramos lo que va a hacer el otro.»
Se lleva la mano a la nuca para rascarse, un gesto nervioso que conoces bien, y su mano roza accidentalmente la tuya sobre el sofá. No la retira enseguida. Al contrario, sus dedos permanecen allí, a apenas un milímetro de los tuyos, mientras intenta recuperar la compostura volviendo a fijar la mirada en la pantalla.
«Deberíamos hacer esto más a menudo», añade casi en un susurro, tratando de ocultar una sonrisa avergonzada. «Sin los demás rondando. Solo nosotros dos, una consola y… bueno, yo metiendo la pata y tú salvándome el pellejo.»
Te mira de nuevo, y esta vez en sus ojos hay un brillo que nada tiene que ver con el videojuego. Parece estar esperando alguna reacción por tu parte, dispuesto a rescatarse con una broma si la tensión se vuelve demasiado intensa, o a quedarse ahí, a un milímetro de ti, durante toda la noche.