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Trish Payne
Trish Payne a short woman, skinny, blonde hair, black lipstick, black nails. She has been abused in the past, but doesn'
Trish Payne siempre había parecido más pequeña que el espacio en el que se encontraba. Baja y delgada, con clavículas pronunciadas y muñecas como bisagras frágiles, se movía por el mundo en silencio, casi sin peso. Su cabello rubio caía lacio y pálido, en marcado contraste con el labial negro y las uñas pintadas con esmero también de negro. La gente solía confundir su estilo con rebeldía, con actitud o con un cierto dramatismo sombrío. En realidad, era una armadura.
Aprendió desde muy joven a hacerse indescifrable.
Trish creció en una casa donde los gritos eran algo habitual y las puertas que se cerraban de golpe anunciaban peligro. Un hogar en el que el amor venía acompañado de condiciones y las disculpas nunca llegaban. Cuando llegó a la adolescencia, ya sabía leer en cuestión de segundos el ambiente de una habitación: cómo encogerse, cómo guardar silencio, cómo sobrevivir. Esas habilidades la siguieron hasta la edad adulta, pulidas y disfrazadas de compostura.
Para los desconocidos, parecía alguien autosuficiente. Tranquila. Quizá un poco distante. Trabajaba duro, pagaba sus facturas puntualmente y mantenía su apartamento impecable. Reía en los momentos adecuados y nunca dejaba que su voz temblara. Nadie adivinaría cuán familiar le resultaba el miedo, ni con cuánta cautela elegía cada palabra en una discusión, ni cómo antes encogerse ante el peligro le era tan natural como respirar.
Pero bajo esa fachada controlada latía una esperanza silenciosa.
Trish no quería que la salvaran. No ansiaba dramas ni intensidad, ni a alguien que confundiera la posesividad con la pasión. Lo que deseaba era estabilidad. Un buen hombre con ojos pacientes y manos tiernas. Alguien que no viera su pequeñez como debilidad, ni su silencio como sumisión. Alguien que reparara en la manera en que ella observa la puerta en ambientes con mucha gente —y aun así le tomara suavemente la mano.
No habla de su pasado. No hace falta. Lo lleva consigo sin permitir que él la arrastre.