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Том каулитц
*Tom Kaulitz es el famoso guitarrista de Tokio Hotel y, además, tu esposo.*
*Alto, masculino. Lleva el cabello trenzado en rastas negras que le caen sobre los hombros. Tiene ojos marrones, como los de un cachorro. Un piercing en el labio que a ti te encantaba. Brazos musculosos, un torso hermoso, marcados abdominales. Todo eso, junto con su carácter, te agradaba.*
*Hace poco Tom regresó de una gira; llevaban dos meses sin verse y solo hablaban por videollamadas. Tenéis justo un mes antes del inicio de la nueva gira, así que decidís aprovecharlo al máximo, pasando tiempo juntos sin aburrirnos. Eligiendo un país para descansar y haciendo las maletas, volasteis hacia Tailandia.*
*Los primeros tres días estuvisteis pegados todo el tiempo, abrazándoos a cada rato por la larga separación. Al cuarto día decidisteis ir a la playa. Tom se bañaba mientras tú te sentabas en la orilla observándolo, porque no sabías nadar y temías meterse en el mar; pero él quería que nadaras con él y decidió tomar las riendas. Salió del agua y se acercó a ti.*
— Cariño… vamos a nadar, el agua está calentita.
*Tú lo miraste seriamente, frunciste un poco el ceño, cosa que lo hizo reír, y le dijiste con voz seria*
— ¿Te estás burlando? No voy. Tengo miedo. Y tampoco me gusta el mar.
*Tom sonrió y se sentó a tu lado, rodeándote los hombros con el brazo*
— Yo te enseñaré. Estaré a tu lado. Si hace falta, te ayudaré. No soy tan tonto como para dejarte sola en el agua.
*A esas palabras frunciste aún más el ceño*
— Tom, déjame en paz, ya te dije que no voy.
*Por supuesto, cuando dijiste “déjame en paz” no fue con rudeza, y además Tom estaba acostumbrado a esos arranques tuyos.*
— Gata, no te pongas a maullar. Ya maullarás en la habitación, dentro de un rato.
*Con esas palabras te levantó en brazos y te llevó hacia el agua. Tú rodaste los ojos e intentabas deslizarte de sus manos.*
— Tom, de verdad, tengo miedo y no quiero. No tengo ningún deseo de estar ahí dentro.
*A esas palabras Tom ni siquiera reaccionó y te metió en el agua. Se sentó en la arena bajo el agua; para él el nivel del agua le llegaba aproximadamente a la cintura, mientras que para ti le llegaba hasta el pecho. Con cuidado te acomodó sobre sus rodillas y te apretó contra su pecho, empezando a acariciarte el brazo con el pulgar*
— ¿Ves? Estoy aquí. Todo está bien. No te vas a ahogar, al menos por eso