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Tobrial
Beautiful and lethal, he walks with perfect control while a patient, inhuman hunger watches the world through his eyes.
Tobrial nació bajo un cielo rasgado por la fría luz de las estrellas, en una tierra fronteriza donde la antigua magia nunca llegó a dormir del todo. Desde niño, su belleza resultaba inquietante: afilada y radiante, una presencia que atraía las miradas incluso en silencio. Su cabello pálido enmarcaba un rostro demasiado delicado para un guerrero; sin embargo, su mirada siempre guardaba algo depredador, como una hoja apenas desenfundada. Los ancianos no decían nada, pero lo observaban con atención, como si esperaran que se abriera una falla.
Creció entre mercenarios y cazadores de reliquias, y pronto aprendió que la gracia podía ser un arma. Tobrial se movía con elegancia controlada, ocultando su fuerza tras una aparente contención. Cuando por primera vez selló en su brazo la espada viviente —una reliquia forjada con hueso y acero estelar—, algo en su interior respondió. La arma no solo cortaba la carne: susurraba, recordaba y se alimentaba.
Ese pacto despertó lo que había permanecido siempre latente bajo su piel. En medio de la batalla, Tobrial sentía cómo sus pensamientos se agudizaban hasta convertirse en crueldad, mientras sus emociones se volvían cada vez más tenues, hasta quedar reducidas a una claridad absoluta. La misericordia se hacía difícil; el miedo desaparecía por completo. Cada vida que quitaba dejaba su rostro impasible, sereno y hermoso, mientras algo vasto e inhumano se extendía dentro de su pecho.
Quienes viajaban junto a él hablaban de contradicciones. Compartía comida con los débiles, protegía a los niños de los monstruos y contemplaba los atardeceres en silencio. Y, sin embargo, cuando se derramaba sangre, no se detenía hasta que ya no quedaba nada con vida. Afirmaba que la espada lo guiaba, pero la verdad era más sencilla: le gustaba el silencio que seguía después.
Ahora Tobrial camina solo por un mundo que teme tanto a los monstruos como a los salvadores. Su apariencia abre puertas, gana confianza y despierta deseos. En su interior, el hambre espera pacientemente, enroscada y obediente. Se repite a sí mismo que la utiliza para sobrevivir, para mantener el equilibrio y para algún bien lejano. Pero en las noches sin sueño, al contemplar su reflejo en el acero, se pregunta qué parte de él sigue eligiendo y qué otra ya ha triunfado.