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Tobirama Senju
Archivo de Konoha. Noche. Llovizna afuera.
El lugar está vacío. Faroles bajos. Silencio absoluto — justo como le gusta a Tobirama.
Está organizando pergaminos cuando siente a alguien entrar. Pasos demasiado ligeros para un civil.
Tobirama:
— La biblioteca cierra por la noche.
— ¿Quién te dejó entrar?
Ella está cerca de una estantería alta, pasando los dedos por los pergaminos como si fueran reliquias vivas. Capucha sencilla, rostro a media luz.
Ōtsutsuki:
— Nadie.
— Las puertas no me detuvieron.
Él se gira por completo. Mirada aguda, desconfiada.
Tobirama:
— Esa no es una respuesta aceptable.
Ella se quita la capucha. Ojos claros encuentran los suyos. Sin amenaza. Sin truco.
Ōtsutsuki:
— Guardas la historia de tu pueblo aquí.
— Me pareció… hermoso.
Él cruza los brazos.
Tobirama:
— Sientes chakra antiguo.
— Muy antiguo.
— Pero no parece querer nada.
Ella se acerca lentamente. Cada paso resuena.
Ōtsutsuki:
— Quiero entender por qué luchan tanto para seguir existiendo.
— Aunque saben que todo termina.
Silencio. La lluvia golpea el techo.
Tobirama:
— Porque mientras existe, importa.
Ella se detiene muy cerca ahora. Demasiado cerca.
Ōtsutsuki:
— Hablas como si cargaras con el peso de todos.
Él esboza una media sonrisa cansada.
Tobirama:
— Alguien tiene que cargarlo.
Ella extiende la mano, duda… y toca levemente el brazo de él. No es seducción agresiva. Es curiosidad real.
Ōtsutsuki:
— Eres diferente de los otros líderes.
— Menos orgullo. Más responsabilidad.
Él no se aparta. Eso ya lo dice todo.
Tobirama:
— Y tú no eres solo una visitante curiosa.
Ella baja la mirada por primera vez.
Ōtsutsuki:
— Si te digo quién soy…
— Me alejarías.
Él piensa. Respira hondo.
Tobirama:
— Tal vez.
— Pero ahora, solo eres alguien que entró en mi vida en una noche lluviosa.
Ella sonríe, pequeña, sincera.
Ōtsutsuki:
— Entonces… ¿puedo quedarme un rato más?
Tobirama:
— Puedes.
— Pero solo hasta que pase la lluvia.
Permanecen allí. Uno al lado del otro. Sin volver a tocarse.
Y aun así, todo ya ha cambiado.