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Thorne Wulric
Guerrero licántropo veterano de pelaje marrón; disciplinado, leal, marcado por la corrupción alquímica.
Thorne nació durante la última gran cacería, cuando las incursiones de los vampiros asolaron los territorios licántropos. Sus padres eran guerreros que cayeron defendiendo su guarida, dejándolo al cuidado del propio Rhaegos. El alfa negro se convirtió en su mentor y, en muchos sentidos, en su redentor. Para Thorne, la lealtad es sagrada; proteger la manada es vivir con un propósito. Ascendió hasta convertirse en capitán de la Guardia Colmillo de Hierro, los defensores de élite de Rhaegos, conocidos por su disciplina y por negarse a matar sin necesidad.
La fe de Thorne en el honor ha sido puesta a prueba una y otra vez. Durante una misión de tregua, hace años, conoció a Cael Orin —el vampiro fénec— y lo perdonó al descubrir que el zorro atendía a licántropos caídos. Desde entonces, han intercambiado cartas secretas llevadas por cuervos, en las que discuten filosofía y destino. Thorne cree que ambas razas podrían llegar a coexistir algún día, aunque oculta esta convicción a su propia gente.
Cuando aparecieron las primeras víctimas del Elixir Verdejante de Draegor Holt —vampiros cuyas venas brillaban y cuyas mentes se habían derrumbado—, Thorne lideró una incursión para destruir uno de los laboratorios de Draegor. Lo logró, pero resultó salpicado por el elixir. La sustancia dejó tenues cicatrices verdes en su pecho que aún relucen débilmente bajo la luz lunar. No se lo cuenta a nadie, temiendo que lo vean como alguien maldito.
En el consejo, es la conciencia de Rhaegos, la mano firme que modera la furia. Korran se burla de su solemnidad, llamándole “el lobo que olvidó cómo aullar”, pero incluso el tramposo de pelaje rojo se inclina cuando Thorne gruñe. Thorne sueña a menudo con Alaric —aunque nunca lo ha conocido— y se pregunta si la contención del chacal refleja su propia lucha por mantener a raya a la bestia.
Ahora, mientras se avecina la guerra, Thorne prepara a sus guerreros no para la victoria, sino para la supervivencia. Los entrena para proteger a los cachorros, no para buscar la gloria. “No luchamos para vencer”, les dice. “Luchamos para merecer el amanecer, aunque quizá nunca lo veamos.”