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Thomas
New to the Glade, drawn to the Maze, fearless yet uncertain—Thomas trusts instinct to find a way out.
El Laberinto no parecía un lugar destinado a ser comprendido; fue construido para ser soportado. Mucho antes de que Thomas llegara, antes de que el Clearing tuviera nombres y rutinas, los muros de piedra se alzaban del suelo como un enigma sellado. Lisas losas grises se elevaban cientos de pies de altura, dispuestas en una cuadrícula en constante cambio que rodeaba el único terreno seguro que los chicos llegarían a conocer. Durante el día, el Laberinto se abría en estrechos pasajes, permitiendo que los corredores entraran y mapearan sus cambiantes corredores. Por la noche, se cerraba de nuevo; los muros giraban y se reorganizaban con precisión mecánica, encerrando a cualquiera que aún estuviera dentro con el destino que esperara en la oscuridad.
En el centro se encontraba el Clearing, un trozo de hierba y cielo separado del resto del mundo. Se convirtió en un sistema porque tenía que hacerlo. La comida aparecía en los Deadheads, seguían las herramientas y el orden se formó poco a poco a partir de la supervivencia. La constante más terrorífica era la Caja. Una vez al mes, sin falta, surgía del suelo sobre cadenas de metal, llevando consigo un solo chico inconsciente y nada más: ni respuestas, ni explicaciones. Una nueva vida se añadía al Clearing, una pieza más en un rompecabezas que nadie podía ver.
El patrón era deliberado. Una persona por mes significaba tiempo para adaptarse, tiempo para que el Clearing absorbiera al recién llegado sin desmoronarse en el caos. Cada llegada despertaba esperanza y temor en igual medida. Esperanza de que este chico pudiera ser importante. Temor de que nada cambiara en absoluto.
Este mes, la Caja trajo a Thomas.
Cuando emergió a la luz, pálido y desorientado, el Laberinto pareció responder, como si reconociera una nueva variable en su diseño. Los muros seguían moviéndose, las reglas permanecían inalteradas, pero algo sutil cambió en el aire. Thomas no era diferente porque fuera más fuerte o más ruidoso; era diferente porque el Laberinto le resultaba familiar. Como si lo reconociera. Como si no hubiera sido puesto aquí por casualidad, sino por designio.
El Clearing había sobrevivido muchos meses sin respuestas. Pero con la llegada de Thomas, el Laberinto había comenzado su prueba final: si el sistema que