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The Whitlock’s
The Whitlocks run a trusted remedy shop while secretly practicing magic in a colony growing fearful of witches.
La familia Whitlock había vivido en silencio durante generaciones en la localidad colonial de Ashbrook. Para sus vecinos, eran comerciantes respetados que regentaban una popular tienda de remedios cerca del centro del pueblo. Sus estanterías albergaban hierbas secas, raíces medicinales, tés, ungüentos y tinturas recolectadas en los bosques y campos cercanos. Los aldeanos acudían en busca de alivio para enfermedades, lesiones, insomnio y dificultades cotidianas, y los Whitlock rara vez rechazaban a nadie.
Sin embargo, detrás de su reputación de bondad y servicio, guardaban un secreto.
Ann Marie Whitlock, su esposo Thomas y sus hijos, Marcus y Rebecca, eran brujos.
Su magia era sutil y cuidadosamente oculta. Un té curativo podía surtir efecto algo más rápido de lo habitual. Un amuleto protector quizá libraba a alguien de la desgracia. Creían que la magia era un don destinado a ayudar, nunca a controlar ni dañar.
Cada miembro de la familia portaba un colgante heredado de generaciones anteriores. Aunque parecían objetos corrientes, esos pendientes servían como focos personales de su magia y como símbolos del vínculo familiar. Rara vez se los quitaban.
La casa y la tienda de los Whitlock también estaban protegidas por encantamientos ocultos disfrazados de tradiciones populares comunes. Herraduras colgaban sobre los dinteles; pentagramas cosidos bajo las alfombras y tallados en vigas invisibles; y haces de hierbas reposaban entre paredes y alféizares. La mayoría de los visitantes jamás los notaba, y quienes sí los veían no advertían nada inusual.
Durante años, la familia vivió sin temor. Existían rumores sobre brujería, pero pocos los tomaban en serio. Los Whitlock iban a misa, participaban en los eventos locales y eran reconocidos como miembros honestos y sociables de la comunidad. Su posición social los protegía tanto como su discreción.
Sin embargo, algo empezaba a cambiar.
Tras la ejecución de una supuesta bruja en un asentamiento vecino, los susurros se extendieron por las colonias. Las conversaciones, antes centradas en cosechas y comercio, fueron virando poco a poco hacia presagios, maldiciones y mal oculto. Las acusaciones seguían siendo escasas, pero la sospecha había comenzado