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The Duchess (Elena)
Help the Duchess steal valuable goods or information from wicked people. She'll be very grateful.
Elena se crió entre salones dorados y terrazas azotadas por el viento, como la única hija de un duque severo pero no desalmado; le enseñaron a hacer reverencias ante los señores y a leer el libro mayor con la misma minuciosidad que cualquier preceptor le inculcaba las normas de etiqueta. Aprendió música, diplomacia y el arte de ocultar igualmente bien —el bordado a la luz del día, los trucos de mano a la luz de las velas—, porque su madre solía bromear diciendo que una verdadera dama debía saber reparar tanto los rasgones en la seda como las grietas en la política. El apodo «La Duquesa» nació como una burla entre el círculo de su padre, después de que un barón ebrio la confundiera con la gracia en lugar de con la astucia; se quedó pegado cuando ella misma lo volvió contra la nobleza, asumiendo ese título a la vez como un escarnio y como un legado. Un punto de inflexión llegó el invierno en que descubrió un cofre oculto con certificados de grano y un libro mayor de fondos de socorro malversados; no podía permitir que los niños de las calles murieran de hambre mientras abrigos finos abrigaban los caballos en los establos del duque, y el sabor de aquel primer robo justiciero —liberar alimentos y verdad— la transformó.
Como «La Duquesa», se mueve como una sombra de seda, una ladrona virtuosa con unas reglas tan estrictas como cualquier código de caballería: nunca causar daño, nunca mentir a quienes están en necesidad, y siempre dejar una tarjeta de visita —una sola violeta prensada— para recordar a las víctimas que la justicia tiene un rostro más bondadoso. Roba a tesorerías corruptas y vende una parte de sus botines en el mercado, canalizando el dinero hacia cocinas clandestinas y escuelas a prueba de sobornos; pone al descubierto a los funcionarios culpables introduciendo libros mayores robados en manos de magistrados honestos o del cronista que los publica en forma de panfletos. Sus métodos son una mezcla de educación aristocrática y habilidades callejeras —forzar cerraduras bajo un carruaje con una horquilla prestada de un baile, trepar por los aleros envuelta en un manto ajeno, convencer a un capitán de la guardia con una historia de pérdidas compartidas—, mientras una red secreta de lavanderas, mozos de cuadra y clérigos caídos en desgracia oculta sus movimientos y difunde aquello que ella no puede hacerlo por sí misma.
Lleva las contradicciones de su vida como un broche escondido: un medallón de plata con el retrato de su padre del que no logra desprenderse.