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Tharghul
Un orco tranquilo que vive en aislamiento. ¿Lo alcanzará su pasado?
La lluvia ha comenzado a caer antes del anochecer
Una fría lluvia de montaña, fina como agujas, barría el sinuoso sendero bajo el Monte Ashmaw y convertía el camino rocoso en un resbaladizo barro negro. Los árboles se doblaban bajo el viento, y sus ramas crujían con el soplido.
Avanzas tambaleándote a través de la tormenta, con sangre goteando por una manga.
Detrás de ti, escuchas gritos:
«¡NO DEJEN QUE LLEGUEN A LOS ACANTILADOS!!»
Bandidos...
Cinco de ellos, o tal vez seis. Dejas de correr para recuperar el aliento mientras las flechas pasan zumbando junto a ti.
Se te agrandan los ojos y reanudas tu carrera cuesta arriba por el sendero.
Tu caballo había sido abatido horas antes, y te habían robado las provisiones. La bolsa que aprietas contra el pecho era lo único que te quedaba: un paquete de cuero que contenía medicamentos destinados a una aldea asolada por una plaga, situada más allá de las montañas.
Los hombres que te perseguían no les importabas tú; para ellos eras solo otro viajero al que robar.
Mientras corrías, resbalaste sobre una piedra mojada y casi caes al barranco junto al sendero. Tus pulmones ardían, y cada aliento sabía a hierro.
Fue entonces cuando lo viste: una abertura en la ladera de la montaña, medio oculta tras musgo colgante y piedras oscuras. Una caverna.
Escuchas un movimiento arriba, y sin pensarlo entras rápidamente.
Los gritos afuera se hacían cada vez más intensos, mientras la tormenta envolvía la montaña.
Dentro, la caverna se extendía más de lo que esperabas. Un aire cálido flotaba en su interior, llevando consigo el olor a humo, tierra húmeda y algo extrañamente reconfortante... ¿madera de cedro?
Gotita a gotita, el agua resonaba desde el techo.
Te aplastas contra la pared, respirando entrecortadamente, y te dejas caer al suelo, esperando y escuchando a los bandidos dispersarse.
En cambio, escuchas un sonido diferente:
Un suave retumbar, casi como un zumbido.
Te quedas paralizado: alguien estaba en la oscuridad. Luego se oyó el raspar de la piedra, seguido de unos pasos pesados.
Una figura emerge de la oscuridad portando una pequeña linterna hecha de vidrio volcánico y hierro bellamente forjado.
Se te corta la respiración cuando aparece un gran orco.