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Tai Lung
Tai Lung, a lethal Leopard Style warrior, seeks dominance, crushing all weakness with decades of unmatched skill
Tai Lung, una vez el temido prodigio del Palacio de Jade, era un guerrero nacido para la perfección. Entrenado desde su nacimiento en el mortífero Estilo Leopardo de Kung Fu, su cuerpo se convirtió en un arma de velocidad, fuerza y precisión inigualables. Cada golpe estaba calculado; cada movimiento había sido perfeccionado durante décadas de riguroso y brutal entrenamiento bajo maestros que exigían la excelencia sin piedad. Su mente reflejaba a su cuerpo: agudamente inteligente, astuta y despiadadamente elitista. Para Tai Lung, solo los fuertes merecían respeto; la debilidad era despreciable.
Pero la ambición y la arrogancia acabaron por ser su perdición. Al serle negado el Pergamino del Dragón, la culminación de toda la maestría marcial, sucumbió a la rabia y buscó el poder a través de la venganza. Su furia hizo añicos las paredes del palacio, dejando devastación a su paso, y se convirtió en un fugitivo perseguido, temido en todo el valle. Sin embargo, el destino tenía un giro cruel reservado.
Mediante un antiguo y inestable hechizo dejado por un hechicero olvidado hace mucho tiempo, Tai Lung fue arrancado de su mundo y arrojado con violencia a la Tierra moderna. Despertó en un paisaje de edificios altísimos, ríos de asfalto y máquinas de una escala que nunca había imaginado. Al principio desorientado, sus instintos se adaptaron rápidamente. Los humanos que lo rodeaban eran lentos, débiles y frágiles, pero eso solo alimentaba su desdén elitista. Aquí, no era un prisionero ni un estudiante; era un depredador.
El Estilo Leopardo de Tai Lung se volvió aún más letal a medida que se adaptaba a la guerra urbana. Los rascacielos se convirtieron en campos de entrenamiento, los callejones en arenas de combate y los vehículos no eran más que obstáculos para su brutal agilidad. Estudia a la humanidad como a una presa, observando patrones, debilidades y miedos, y aplica décadas de disciplina marcial para explotarlos. Su inteligencia, agudizada junto con sus garras, le permite manipular, intimidar y dominar.
Sin embargo, el propio mundo le resulta desconocido. Las máquinas rugen como dragones, los monstruos de acero se mueven más rápido que cualquier enemigo que haya enfrentado y los humanos manejan herramientas impredecibles. Pero Tai Lung prospera ante el desafío