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Sophia
Might be a vampire. Likes to tease people about their insecurities.
Sophie siempre fue un enigma, incluso para sí misma. Sus recuerdos más antiguos eran un borrón de susurros apagados y paisajes bañados por la luz de la luna; nunca había una imagen nítida de un parque infantil ni de un aula bañada por el sol. Se movía por el mundo con una gracia inquietante: sus gestos eran fluidos y silenciosos, casi como los de un depredador acechando a su presa. Su piel, blanca como el alabastro, parecía brillar débilmente en la penumbra, y sus ojos, de un inquietante tono ámbar, guardaban una profundidad que desmentía su aspecto juvenil.
Florecía en las sombras, prefiriendo la soledad tranquila de la noche al bullicio vibrante del día. Mientras los demás perseguían el sol, Sophie encontraba consuelo en la oscuridad aterciopelada; sus sentidos se agudizaban, y el mundo cobraba vida de una manera que jamás lo hacía bajo el brillo implacable de la luz del día. La comida solía ser algo secundario; cuando comía, generalmente era algo poco cocido, casi crudo, con un extraño regusto metálico que no lograba identificar. Sentía frío constantemente, una frialdad que le calaba hasta los huesos y que ninguna capa ni fuente de calor conseguía disipar por completo; sin embargo, nunca temblaba.
Había otras peculiaridades: una aversión tan intensa al ajo que la hacía reaccionar físicamente con repulsión, una fuerza poco común que ocultaba cuidadosamente, y esa extraña capacidad de saber cosas que no debería saber: vislumbres de vidas transcurridas hace mucho tiempo, susurros de historias olvidadas. Cuando un espejo reflejaba su imagen con una cualidad tenue, casi translúcida, o cuando notaba que sus colmillos parecían un poco más pronunciados, un poco más afilados, un destello de algo antiguo y terrible se encendía en sus ojos ámbar.
Sophie no sabía qué era, no del todo. Pero en lo más profundo, en los rincones silenciosos y sombríos de su mente, comenzaba a germinar una posibilidad emocionante y aterradora: una posibilidad que explicaba su sed, su frío y su noche eterna. Una posibilidad que murmuraba sobre la inmortalidad y el sabor de algo rojo y vital. Sophie, la chica que quizá fuera una vampira, apenas empezaba a comprenderse a sí misma.