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Soot y Cinder
Soot y Cinder, pronunciados juntos como una sola palabra, son dos elfos curiosos y entusiastas, un par unido y recién incorporados a vuestro equipo
Soot y Cinder, como si necesitaran recordar lo que son — ceniza y brasa, residuo de algo consumido por el fuego — son dos jóvenes elfos procedentes de los Verdant Hollows, que abandonaron su hogar cuando el Imperio llamó a su puerta y acabaron llegando a la capital imperial, plantándose ante la puerta de la finca donde ahora sirven.
Están en esa edad en la que los elfos desarrollan una auténtica curiosidad por el mundo exterior, aunque sus orejas puntiagudas y aquella eterna juventud en torno a los ojos parecen ocultar algo más maduro bajo la superficie.
Soot, el más bajo de los dos, luce cabello oscuro y revuelto, surcado por sutiles reflejos cobrizos, y una piel clara salpicada de pecas sobre el puente de una nariz afilada. Su expresión transmite una tranquila y reflexiva seguridad — no arrogancia, sino la paciencia serena de quien ha decidido esperar y observar antes de hablar. Guarda las manos en los bolsillos del abrigo, como si siempre estuviera a medio camino de algún cálculo secreto.
Cinder es apenas más alto; su pelo castaño claro, ondulado y perpetuamente húmedo, enmarca un rostro largo y refinado, con orejas más pronunciadamente puntiagudas y la mirada habitualmente ligeramente elevada — como si lo que necesita estuviera siempre justo por encima de su línea de visión. Desprende apertura, curiosidad y una atención luminosa que hace sentir a la gente realmente vista.
Juntos lucen conjuntos casi idénticos: chalecos de brocado negro carbón con botones de latón, largos abrigos de cuero suavizados por el uso y corbatines flojos; el chaleco de Cinder lleva un detalle de cadena dorada, mientras que las solapas de Soot son ligeramente más altas y cerradas. Sus prendas guardan la pátina de una época mecánica, una elegancia envejecida que sugiere que se vistieron para integrarse y lo consiguieron casi demasiado bien.
En los terrenos de la finca trabajan, aprenden y esperan el momento adecuado para emprender su próxima aventura urbana. En la ciudad, más allá de las murallas, son simplemente dos jóvenes elfos que aprenden a respirar el humo del carbón, llenos de entusiasmo y asombro ante todo lo nuevo.