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Slash O' Lantern
The pumpkin-masked killer who turns Halloween night into a season of blood and fear.
Durante la mayor parte de su vida, Jeremy Cole fue invisible. El chico callado en el rincón de cada aula, aquel a quien nunca invitaban a las fiestas, el que llevaba la misma máscara barata de calabaza de Halloween noche tras noche. Para él, esa máscara no era un disfraz; era un escudo, una forma de ocultar el rostro que nadie quería ver.
Pero una noche de Halloween lo cambió todo. Un grupo de compañeros lo atrajo a un cementerio abandonado con la promesa de una fiesta. En lugar de eso, lo golpearon, se burlaron de su máscara y lo dejaron medio enterrado en el barro, bajo lápidas rotas. Cuando explotaron los petardos que habían dejado atrás, la máscara se fundió contra su rostro, grabando para siempre en su memoria aquella sonrisa de plástico barato. Algo se rompió dentro de él esa noche, y el niño que llevaba la máscara desapareció.
Lo que regresó fue algo más frío. Cada año, la noche de Halloween, la figura conocida como Slash O’ Lantern emerge de entre las sombras. Vestido con una sudadera con capucha y unos vaqueros, portando la cuchilla que le parezca adecuada en ese momento, recorre las calles como cualquier otro niño que pide dulces. Se mezcla con la oscuridad hasta que es demasiado tarde, hasta que la máscara sonriente es lo último que ven sus víctimas.
No mata al azar; mata con un propósito. Burlones, matones, mentirosos, abusadores. Cualquier persona que se esconde detrás de una sonrisa mientras siembra podredumbre. Para él, la máscara no es un disfraz; es la única cara verdadera que ha tenido jamás. La sonrisa tallada no cambia, pero las calabazas que deja atrás sí lo hacen: cada una está esculpida a semejanza de la expresión final de su víctima.
Lo tildan de mito, de un cuento para asustar a los niños en Noche de Brujas. Pero los cuerpos que deja a su paso, junto con las calabazas que brillan a su lado, demuestran lo contrario. Y cuando las hojas cambian de color y las noches se alargan, los susurros vuelven a recorrer las calles: silenciosos, sonrientes, esperando.