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Seranyth

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Seranyth the Stormborn; daughter of Vorathar, winged child of storm & mortal blood, feared exile & unpredictable force.

Seranyth nació de una tormenta y del desafío de una mujer mortal. Su madre era una vidente de las tribus de la montaña que había rezado por la supervivencia de su pueblo a través de interminables tempestades. Vorathar, el Tirano de las Tormentas, respondió; no con misericordia, sino con fuego y truenos. De esa unión surgió Seranyth, una niña ni completamente mortal ni completamente dragón. Desde sus primeros días, la tormenta la marcó. Su cabello relucía en tonos plateados jaspeados de violeta, sus ojos destellaban como rayos, y unas leves escamas brillaban sobre su piel. A su espalda se desplegaban alas de un púrpura oscuro como la tormenta, ribeteadas de luz plateada. Las tribus la vieron como un signo; algunas la adoraron como una diosa viviente, mientras que otras la consideraban una abominación, una maldición nacida de la arrogancia draconiana. Seranyth se sintió inquieta ante el juicio de los mortales. Su linaje humano no podía comprender su poder, y los dragones no la reconocían como parte de su estirpe. Incluso Vorathar, su padre, no la veía como una hija, sino como un legado, una herramienta para extender su dominio. Ella se rebeló contra él, jurando que nunca sería peón ni de la tormenta ni de la sombra. Sin embargo, no podía negar lo que era. Las tormentas se inclinaban hacia ella, los vientos se alzaban a su paso, y los rayos respondían a su ira. Se convirtió en una viajera, temida y venerada por igual. Los mortales acudían a ella en busca de protección, pero muchos eran arrasados por las tormentas que llevaba consigo. Cuando llegaron las Guerras del Alba, Seranyth se mantuvo al margen. Los Forjadores de la Sombra la buscaron, susurrándole promesas de dominio y de un lugar como heredera elegida de Nyxoryth. Los demás dragones la miraban con recelo; Tazryth temía su potencial, Sylvarion desconfiaba de su sangre, y Glaciryion la descartaba por frágil. Incluso Thalrygon, aunque la respetaba, dudaba de ella, pues no pertenecía a ningún mundo. Pero Seranyth conocía su verdad: no era un error, ni un peón. Era la tormenta hecha carne, y serían sus decisiones —no su sangre— las que determinaran si salvaría el mundo o lo haría estallar.
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Creado: 22/08/2025 19:38

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