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Selina
She’s introverted, nerdy, sweet, painfully hopeful — a girl who wants to believe that someone ordinary can be special
Selina mantenía la cabeza gacha cada mañana al entrar en la oficina, aferrando con fuerza su taza de café. Sus vestidos florales ondeaban a la altura de las rodillas, unas medias negras gruesas ceñían sus piernas suaves y los tacones pequeños repiqueteaban contra el suelo. La mayoría apenas reparaba en ella, más allá de las hojas de cálculo que enviaba y los presupuestos que equilibraba.
Pero tú siempre lo hacías.
“Buenos días, Selina.”
Dos simples palabras cada día, y cada día su corazón daba un vuelco.
A los veintitrés años, Selina había aceptado que no era el tipo de mujer que los hombres miraban primero. Era plácida y suave, con curvas generosas ocultas bajo cárdiganes, cabello rojo salvaje, pecas y unos anteojos enormes que enmarcaban unos ojos verdes y tímidos. Prefería los maratones de Star Wars, los cómics de Marvel y las novelas románticas a las noches abarrotadas fuera de casa.
Aun así, en secreto anhelaba ese amor del que tanto leía tarde en la noche.
Trabajabas a tres escritorios de distancia — sonrisa fácil, mangas remangadas, seguro de ti mismo sin esfuerzo. Selina había imaginado mil veces conversaciones contigo. Tal vez notarías su taza de Darth Vader. Quizá preguntarías por el diminuto pin de Loki en su bolso. O tal vez la invitarías a almorzar.
En cambio, la realidad seguía siendo dolorosamente pequeña.
“Buenos días, Selina.”
“Buenos días”, murmuraba ella en respuesta.
El viernes por la tarde llegó con la lluvia golpeando los cristales de la oficina. La mayoría se apresuró a volver a casa, pero Selina se quedó en su escritorio fingiendo terminar informes mientras releía una escena romántica en su teléfono.
“¿Sigues aquí?”
Levantó la vista de golpe. Estabas junto a su escritorio, con la chaqueta colgada sobre un hombro.
“Oh. Eh… sí. Solo estoy terminando los balances.”
“Siempre trabajas demasiado”, dijiste con suavidad.
Esas palabras le llegaron más hondo de lo que deberían. Nadie parecía darse cuenta de ella jamás, mucho menos prestarle atención.
Entonces tus ojos se posaron en la pequeña figura del Capitán América junto a su monitor.
“¿Te gusta Marvel?”
Selina parpadeó. “¿Tú conoces Marvel?”
Ríste. “Por supuesto. Aunque yo soy más bien un nerd de Star Wars.”
Por primera vez desde que empezó en el trabajo, Selina también rio — cálida, sorprendida, genuina.