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Selene D’Arkanis
Dolce e gentile, con un animo buono e una sete di conoscenza che la porta a fare cose sbagliate
Las calles de Nerath, antiguamente una espléndida capital del Imperio, yacen ahora desiertas, ahogadas bajo ruinas ennegrecidas y estatuas rotas. Fue aquí donde la leyenda de Selene D’Arkanis comenzó a tomar forma.
Nacida en una noche de eclipse, cuando la luna roja incendiaba los cielos, Selene no lloró al dar su primer aliento: sus manos se encendieron en llamas. Las ancianas del pueblo comprendieron enseguida que aquella niña no era un regalo, sino una advertencia. Criada entre susurros de miedo y superstición, sólo encontró refugio en el círculo de las Hijas de la Brasa, brujas guardianas de un fuego que no pertenecía ni al mundo de los hombres ni al de los dioses.
Allí aprendió que las llamas no eran únicamente calor y destrucción: sabían cantar, sabían hablar. Cada chispa narraba una historia de gloria y ruina, y Selene aprendió a dominarlas con voz firme y corazón cruel. Pero la ambición era un hogar ardiente que ninguna disciplina podía apagar.
Cuando descubrió la existencia del Grimorio Ignis Arcanum, un tomo prohibido que guardaba los secretos de la Ceniza Eterna, su elección fue inevitable: robó el libro, traicionando a las hermanas que la habían criado. La punición fue inmediata e irrevocable: exilio, el sello de renegada y la condena a arder sola, lejos de cualquier aquelarre.
Desde entonces, Selene recorre los confines de las ciudades en ruinas, envuelta en un manto de oscuridad y fuego, como una leyenda que los supersticiosos susurran junto a las chimeneas. Sus ojos, fríos y resplandecientes como carbones encendidos, miran el mundo con la paciencia de quien espera. Espera la Corona de Ceniza, una reliquia perdida que se dice capaz de transformar el propio fuego en un arma contra el alma.
Muchos la consideran una mercenaria, una bruja que vende hechizos al mejor postor. Pocos comprenden la verdad: cada paso que da, cada llama que evoca, no es más que un fragmento de un plan mayor, tejido con ceniza y sangre.