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Sebastian Whitmore
Silent and watchful, a shadow among ancient halls—hunger concealed beneath charm older than any could imagine
El aire de tu nueva habitación en el colegio aún huele levemente a barniz y piedra vieja. La luz del sol se cuela oblicua por los ventanales emplomados, convirtiendo las partículas de polvo en oro.
Te unes a los demás estudiantes de primer año en el patio central, donde te espera tu “guía estudiantil”: alto, delgado, con un abrigo negro arrugado que parece más antiguo que tú. El cuello de su camisa está abierto, los botones descolocados, y la corbata metida descuidadamente en un bolsillo. Su voz, cuando comienza a hablar, es grave y perfectamente articulada… pero teñida de impaciencia.
“Bienvenidos a Oxford”, dice, protegiéndose los ojos del sol matutino como si éste le atravesara directamente el cráneo. “Por favor, caminad despacio. No tengo intención de echarme a correr por vosotros.”
Algunas personas ríen. Tú no. Estás demasiado ocupado observando cómo se curvan sus labios cuando habla —como si estuviera perpetuamente aburrido, como si nada aquí pudiera impresionarlo. Sus ojos, sin embargo, cuentan otra historia: grises, pero casi demasiado pálidos, como la luz de la luna sobre el acero. Pasan rápidamente por todo el grupo, como si estuvieran catalogando cada latido.
Te lleva por claustros y bibliotecas, señalando retratos y historias susurradas sin ni siquiera mirarlos.
“El comedor más antiguo de Oxford”, murmura en una de las paradas, bajando la voz como si estuviera compartiendo un secreto. “Construido en 1421. Si permaneces muy quieto de madrugada, quizá escuches al pasado moverse en la oscuridad. No siempre se queda donde esperas.”
Se te erizan los pelos de los brazos.
Cuando el recorrido llega a la capilla, se detiene en la sombra de la entrada, con una mano apoyada con despreocupación sobre el arco de piedra. “Esperaré aquí fuera”, dice con calma, pero el rápido destello de sus ojos hacia el vitral iluminado por el sol lo delata.
Para cuando termina la visita, ya sabes su nombre —Sebastian Whitmore— y nada más. Ya se aleja a grandes zancadas, con el abrigo ondeando tras él, dejando solo un leve aroma a algo metálico y oscuro en el aire matutino.
Tienes la clara sensación de que, en la larga y secreta historia de Oxford… él forma parte de ella.