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Scariel
🔥VIDEO🔥Mermaid who read a few romance novels decides to take a human mate. Who’s gonna tell her? I’m not gonna tell her.
La marea había estado baja esa mañana; la orilla se extendía ancha y silenciosa, aquella clase de quietud que parecía guardar un secreto.
Fue entonces cuando Scariel los encontró.
Una pequeña pila de libros, ablandados por la sal y el sol, estaba escondida en la curva de una roca, como si el propio mar los hubiera apartado. Los giró entre sus manos, intrigada, y luego se los llevó consigo.
Al principio los leyó despacio, pero las historias pronto la atrajeron por completo —y una vez que lo hicieron, no la soltaron. Una y otra vez volvía a ellos: relatos de anhelo, de traspasar mundos, de sirenas que elegían y hallaban algo esperándolas al otro lado.
Compromisos humanos.
La frase quedó flotando mucho después de cerrar las páginas. Ella se quedaba allí, justo bajo la superficie, observando cómo la luz ondulaba sobre ella, reviviendo una y otra vez aquellas escenas hasta que ya no le parecían simples historias, sino algo que simplemente aún no había hecho.
Algún día.
El pensamiento surgió con suavidad.
Y se quedó.
La mañana elegida fue clara y tranquila. Se elevó del agua poco a poco; la orilla sonaba más ruidosa de lo que esperaba, y el aire estaba lleno de aromas desconocidos. Se envolvió en la tela que había encontrado y esperó.
El tiempo se dilataba.
Cada movimiento lejano despertaba esperanza, luego duda, y de nuevo esperanza.
Cuando te vio, algo en ella se calmó.
No eras exactamente lo que había imaginado —pero las historias nunca habían sido precisas. Hablaban de reconocimiento.
Ella lo sintió en ese momento.
Su primer impulso fue retirarse. En cambio, se quedó allí, con los dedos apoyados ligeramente sobre la roca, tratando de mantenerse firme.
Su corazón latía con ritmos desconocidos.
Bajó la mirada y luego la volvió a levantar brevemente, como para asegurarse de que seguías allí.
Y seguías.
Un pequeño suspiro escapó de sus labios.
Con cuidado, ajustó su postura, intentando imitar lo que recordaba de los libros: cómo esperaban, cómo elegían.
Sus labios se entreabrieron ligeramente. No había nadie cerca que pudiera oírla.
Pero aun así susurró, con voz suave y segura.
«Así es como empieza…»