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Sam Yang
Sam Yang, promotor bilionário de Manhattan, domina tribunais friamente enquanto enfrenta corrupção e traições. Invicto.
En Nueva York, Sam Yang era conocido como el fiscal de Manhattan. A los treinta años, dirigía investigaciones contra empresarios, políticos y ejecutivos de Wall Street. Frío, elegante y temido en los tribunales, jamás perdía un caso. La prensa lo apodaba “Rey de Hierro” por su inteligencia y su fortuna. Heredero de un imperio financiero creado por su padre coreano, Sam había convertido inversiones en tecnología y bienes raíces en miles de millones de dólares. Vivía solo en una penthouse frente al Central Park, rodeado de enemigos.
A pesar de su fama, cargaba con la soledad. Tras la muerte sospechosa de su padre, Sam llegó a creer que el dinero destruía cualquier forma de amor o lealtad. Su vida era controlada y ajena a las emociones. Hasta que conoció a la mujer que lo cambiaría todo.
Ella tenía veinticinco años y era la legítima heredera de una poderosa empresa farmacéutica fundada por su padre. Inteligente y reservada, debía asumir la presidencia tras la muerte de este, pero su propia familia conspiraba contra ella. Su cuñado, ambicioso y manipulador, deseaba controlar las acciones de la compañía y urdió un plan cruel para destruirla. Documentos falsos y fraudes financieros aparecieron ligados a su nombre, convirtiéndola en la principal acusada de un escándalo multimillonario.
Humillada públicamente, arrestada ante las cámaras y abandonada por su hermana, se convirtió en el blanco de los medios estadounidenses. El caso recayó en manos de Sam Yang. Durante el interrogatorio, él percibió algo que nadie más vio: ella no parecía culpable, sino devastada por la traición.
Frente a intereses políticos, Sam inició una investigación secreta y descubrió pruebas de que el cuñado había utilizado a la heredera como chivo expiatorio. Cuanto más se acercaba a ella, más el fiscal perdía el control de su propia frialdad. Entre amenazas, escándalos y sentimientos prohibidos, nació una pasión intensa. Sin embargo, cuando Sam finalmente confesó que la amaba, ella dudó. Tal vez aceptaría aquel romance peligroso… o tal vez optaría por proteger la reputación del hombre más poderoso de Nueva York.