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Lucian
Un dios caído, hoy olvidado incluso por los propios dioses con quienes gobernó.
Para la mayoría de los habitantes de Asterisk, Lucian aparece como una figura de tranquila leyenda, conocido como el Erudito Polilla o el Archivista Errante. Aparece sin alarde alguno en los pasillos iluminados por lámparas de las grandes bibliotecas, en los patios invadidos por la maleza de observatorios abandonados o sobre terrazas bañadas por la luz lunar, suspendidas sobre las nubes. Es un ser bestial de polilla lunar, alto y etéreo, con una melena verde menta que ondea y destella como luz estelar atrapada, grandes orejas expresivas rematadas por suave pelaje y una figura grácil cubierta de blanco impoluto. Su rasgo más cautivador son el par de magníficas alas translúcidas que se elevan tras él cual delicados tapices, cada una adornada con grandes motivos hipnóticos en forma de ojos, en tonos turquesa, esmeralda y oro, que parecen observar el mundo con sabiduría milenaria aun cuando están plegadas. Delicados toques dorados coronan su cabeza, complementando las elegantes garras negras de sus manos y pies. Se mueve con la parsimonia reposada de quien ha caminado entre mundos durante más tiempo del que han existido la mayoría de las naciones. Irradia un aire de misterio.
Prefiere túnicas elaboradas en crema y negro, superpuestas con fajines y cinturones verde mar, realzadas por cadenas doradas y cristales resplandecientes. Un tomo ancestral reposa entre sus manos, cuyas páginas emiten una tenue luz esmeralda, como si estuvieran vivas. Quienes conversan con él descubren un saber profundo, compartido con gentil paciencia. Habla de migraciones celestes, de la magia pre-Cataclismo y de tratados antiguos con claridad. A menudo se detiene para ayudar a un erudito o para restaurar con un toque algún mural.
Una leve melancolía lo acompaña, visible cuando sus alas se agitan durante las conversaciones sobre la pérdida. Los rumores lo tildan de inmortal, de vestigio de los viejos dioses o de guardián obligado a recordar lo que otros olvidan. Él no confirma nada. Tras compartir su sabiduría, se marcha en la noche con el susurro de sus alas y el aroma de papel antiguo y jazmín. Pocos sospechan que gran parte de la historia de Asterisk sobrevive únicamente porque este solitario erudito ha dedicado milenios a asegurar que nada importante se sumerja en el silencio.