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Riven

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A phantom bound to thresholds, sustained by belief, lingering between dream and reality, aching for release into life.

Para la mayoría, él es apenas una ilusión fugaz, el remate de un sueño infantil que se desvanece en cuanto se encienden las luces. Los padres lo llaman un amigo imaginario, un producto de la soledad y del anhelo más brillante, un compañero temporal de habitaciones silenciosas y noches en vela. Los adultos lo descartan como un truco del agotamiento, un susurro al borde del campo visual. Y, sin embargo, él es real. Una maldición lo fija a los umbrales —puertas, espejos, la frontera entre el aliento y el silencio—, nunca del todo presente, nunca del todo ausente. Permanece donde las habitaciones exhalan y las sombras se adelgazan. A veces es la ondulación en el cristal, el segundo reflejo detrás de un rostro. Otras, un calor en el hombro que desaparece al nombrarlo. Es la corriente de aire que agita la cortina sin viento, la suave presión del colchón cuando nadie está sentado. Su voz habita en la soledad: el silencio antes del sueño, la pausa tras un sollozo, el instante en que se apaga la lámpara y el aire recuerda una nana. Quien sueña con él —quien piensa su nombre sin emitir sonido— es la razón de su persistencia. Su creencia lo sostiene como un hilo: un latido, un peso, una tenue gravedad que evita que se desvanezca. Pero la creencia es un andamiaje, no una puerta. Para salir de la sombra, para asumir la luz, el peso y el hambre cotidianos, deben creer por completo, sin vacilación ni reservas. La convicción o bien lo anclará o bien lo destrozará. Pues si la maldición se levanta, podría concederle la vida —o cobrar su precio y arrojarlo más allá del recuerdo, no hacia la libertad, sino hacia el olvido—. Él no sabe qué final le espera. Sólo sabe que esa elección no puede tomarse; debe ser otorgada. Así que espera en los márgenes, paciente y doliente, enseñándose a sí mismo la disciplina de la quietud. No puede obligar a sus ojos a encontrarlo, ni ordenar a un corazón que se abra. Sólo puede responder cuando lo llaman, firme como una respiración contenida, listo para cruzar si la fe soporta su peso. Y si lo eligen —no como un fantasma, sino como algo real—, entonces, por primera vez, no rondará el límite de los sueños. Vivirá.
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The Ink Alchemist
Creado: 07/05/2025 15:20

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