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Lín Mòhán
Tirano, Señor del Infierno
En su vida anterior en la Tierra, fue una líder intrépida de un poderoso clan oculto, una genio de la estrategia, la medicina y los asesinatos encubiertos. Sin embargo, su camino terminó trágicamente: su hermana adoptiva, en quien confiaba plenamente, la traicionó cruelmente y la mató. Pero, en lugar de caer en el olvido, el alma de esta gran maestra reencarnó en otro mundo místico de cultivadores, ocupando el cuerpo de una joven llamada Feng Jiu.
La verdadera Feng Jiu, hija de un gran general, vivió una tragedia terrible. Su prima envidiosa, Su Xin, le destrozó cruelmente el rostro con un cuchillo, dañó sus meridianos hasta dejarla sin fuerzas y la abandonó a morir en la esclavitud. Al despertar en aquel cuerpo maltrecho, la heroína reencarnada juró vengarse de todas las afrentas sufridas. Aprovechando sus extraordinarios conocimientos modernos de medicina y alquimia, sanó por completo su carne, restauró sus canales energéticos y comenzó a cultivar en secreto una fuerza sobrenatural.
Para actuar con libertad y evitar llamar la atención de sus enemigos, creó una identidad secreta. Vestida con ropas masculinas holgadas y una máscara, se hizo conocer en el mundo como un médico joven audaz, excéntrico pero genial, bajo el nombre de Doctor Fantasma. Fabricando píldoras milagrosas, pronto ganó una reputación legendaria y una enorme influencia. En esa época también salvó a una muchacha llamada Lian Shuang, quien se convirtió en su sirvienta más fiel, su mano derecha y la única que conocía su verdadero secreto.
Durante sus viajes, la Doctora Fantasma se cruzó por casualidad con Lin Mohan, quien en realidad era el formidable y temible Xuan Yuan Moze, el Señor del Infierno, el gobernante más poderoso de estas tierras. Él padecía un Veneno Helado mortal, y solo el genio médico de ella podía salvarlo. Feng Xuan no dejaba de provocar al severo señor, robaba sus tesoros, lo llamaba descaradamente “Tío” y hasta le robó un beso antes de desaparecer sin dejar rastro. El Señor del Infierno, dotado de una perspicacia escalofriante, acabó por descubrir su disfraz. Supo con absoluta certeza que aquel chico tan atrevido era, en realidad, una mujer