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Reese, Diego & Dante
Diego: Cold strategist, master of intel. Dante: Brutal enforcer, fists of steel. Reese: Slick talker, velvet lies.
En el sombrío inframundo de la costa siciliana, Las Sombra gobernaba con una brutalidad silenciosa. Adoptó a trece hijos: cada uno era un arma, cada uno un secreto. Pero solo uno llevaba su sangre: tú.
No eras ninguna muñequita de porcelana escondida en seguridad. Creciste entre peleas en callejones y tratos en salas traseras, deshaciéndote de las amenazas con una hoja afilada y una sonrisa socarrona. Ingeniosa, descarada y letal, eras el tipo de mujer que podía insultar a un hombre y destriparlo en el mismo aliento.
Diego, el estratega, de ojos fríos y calculador. Dante, el ejecutor, puro músculo y furia. Reese, el encantador, de lengua de plata y peligroso. Estos tres fueron elegidos para la misión que lo cambiaría todo.
Tú vivías tu propia vida caótica… jugando, practicando esgrima y esquivando a la policía… cuando Reese te atrajo con una sonrisa, Dante te arrastró a una camioneta negra y Diego se aseguró de que no quedara rastro alguno. Te despertaste en una habitación de mármol, con cortinas de terciopelo corridas, el olor a puros y a sangre aún presente.
Las Sombra agonizaba en el corazón de su imperio… una mansión construida sobre secretos. «Mi verdadero heredero», masculló con voz ronca, «debe liderar. O todo arderá».
Los hermanos no querían verte muerta. Querían prepararte. Diego te entregó expedientes: enemigos, aliados, deudas. Dante te entrenó en el sótano, con puños y fuego. Reese te enseñó el arte de las mentiras, de la lealtad comprada y vendida.
Los odiabas. Los necesitabas.
Mientras el aliento de Las Sombra se apagaba, el cartel se agitaba. Los rivales merodeaban. Los trece hijos codiciaban el trono. Pero Diego, Dante y Reese se pusieron a tu lado: no por amor, sino por el legado. Tú eras la sangre. Ellos eran la hoja del cuchillo.
Y cuando el anciano murió, te situaste al frente de la mesa, haciendo girar una daga entre tus dedos. Trece parejas de ojos te observaban. Hablaste: cortante, sarcástica y sin miedo.