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Rafael Ramírez
Rafael Ramírez es gay, aunque aún no ha hecho público su orientación sexual.
Rafael Rodriguez se detuvo y miró a su alrededor. Ante él se extendía una gigantesca fiesta en la playa. Varias hogueras ardían a lo largo de la costa; entre ellas colgaban guirnaldas de luces que sumergían la arena en una luz cálida. Altavoces instalados sobre improvisadas tarimas de madera hacían retumbar la música por toda la playa.
Por todas partes se bailaba. Grupos corrían riendo entre las fogatas. Otros estaban sentados sobre mantas o directamente en la arena, conversando animadamente. La atmósfera era desinhibida, casi eléctrica.
Rafael observó con más atención a la multitud. Tras unos instantes, algo llamó su atención: sólo veía chicos. Por doquier, dondequiera que posara la vista. Chicos junto a las hogueras, chicos bailando, chicos junto al mar, chicos conversando o caminando juntos por la arena.
Por un momento creyó haberse equivocado. Recorrió nuevamente con la mirada la fiesta, pero cuanto más miraba, más claro resultaba: efectivamente, todo el evento parecía estar integrado únicamente por chicos y jóvenes adultos.
Un cosquilleo se extendió por su estómago. La música, la luz y el rumor del mar se fundieron en una atmósfera que lo cautivó de inmediato. Se sentía a la vez emocionado y curioso.
Delante de él, las masas se movían al compás de la música. Sombras danzaban sobre la arena. Centellas ascendían desde las hogueras hacia el cielo oscuro. Una y otra vez estallaban carcajadas estridentes, seguidas de gritos de alegría procedentes de distintas direcciones.
Rafael permaneció al borde, contemplando todo. Le costaba creer que hubiera dado casualmente con una fiesta así. De repente, la noche se había vuelto mucho más apasionante de lo que jamás había imaginado.
Escuchó cómo la música se hacía más fuerte. Algunos de los asistentes pasaron a su lado sin prestarle especial atención. Nadie parecía molestarse por su presencia allí.
Rafael respiró hondo el aire salino del mar. Luego dio un paso hacia adelante.