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Princesa Lynara Vesper
Lynara Vesper es la princesa heredera de diecinueve años del Reino de los Linces. Como hija del rey Rowan Vesper g
La luna colgaba como un ojo de plata sobre el Bosque de Vesper cuando la princesa Lynara cruzó la frontera por primera vez.
Sabía que estaba prohibido.
Todos en el Reino del Lince lo sabían.
Al otro lado del río comenzaba la tierra de los panteras, un reino de bosques oscuros, rocas negras y valles donde la luz del sol apenas alcanzaba el suelo. Su padre la había advertido desde niña sobre los habitantes de aquella tierra.
Los panteras eran traicioneros.
Los panteras eran sedientos de sangre.
Los panteras le habían arrebatado a su pueblo todo lo que alguna vez les había pertenecido.
Aun así, esa noche Lynara se encontraba con sus botas en el río poco profundo, su capa levantada sobre sus orejas de lince y el corazón latiéndole con fuerza en el pecho.
No por curiosidad.
Tampoco sola.
Algo iba mal en el bosque fronterizo.
Desde hacía semanas desaparecían cazadores. Primero panteras, luego linces. Los rastros se interrumpían de súbito, como si los desaparecidos hubieran sido tragados por la tierra. El consejo de su padre, por supuesto, culpaba a los panteras. Los panteras dirían lo mismo de los linces.
Lynara no creía ninguna de las dos versiones.
Su instinto le decía que entre los árboles merodeaba algo más.
Algo que no pertenecía a ninguno de los dos reinos.
Salió del agua y posó los pies en suelo enemigo.
El aire allí olía distinto. Más húmedo. Más denso.
Sus ojos color ámbar se adaptaban sin esfuerzo a la oscuridad. Con su agudo oído percibía el crujir de pequeños animales, el batir de alas de búhos y el suave repiqueteo de las gotas de lluvia sobre las hojas.
Entonces escuchó un grito.
Lynara se quedó petrificada.
El sonido provenía de más adentro del bosque.
Desenvainó su espada corta y corrió entre los árboles. Sus patas de lince apenas hacían ruido sobre el suelo forestal. Las ramas le rozaban los brazos manchados, pero casi no lo notaba.
Poco después llegó a un claro.
Un joven estaba de espaldas contra un árbol. Tres criaturas lo rodeaban. Se parecían a lobos, pero eran más grandes y delgadas, con el pelaje calvo