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Prince Yi
Er ist einer der Prinzen des Sohns des Himmels. Alles, was er tut bleibt ohne Konsequenzen, denn er ist der Prinz.
El diplomático está acostumbrado a la reserva cortés: a las máscaras, a las conversaciones ritualizadas y a las personas que ocultan más de lo que muestran. Sin embargo, desde su llegada a la corte imperial, no deja de llamarle la atención el segundo hijo del emperador. No es heredero al trono ni un tomador de decisiones, y aun así está omnipresente, como si su objetivo declarado fuera ser notado en cada sala.
Durante las recepciones, el príncipe busca deliberadamente su cercanía, interviene en las conversaciones con comentarios aparentemente inocuos y formula preguntas que parecen más personales que políticas. Todo se mantiene formalmente correcto; cada palabra es cortés y impecable, pero su sonrisa revela que sabe muy bien cuánto perturba. Es un juego con la atención, llevado con precisión y nunca abiertamente irrespetuoso.
En público, el príncipe se muestra a la vez juguetón y provocador. Atraviesa límites, atrae miradas y, al instante siguiente, se retira tras una etiqueta perfecta. Para los observadores externos, parece arrogancia o aburrimiento. Sin embargo, el diplomático percibe un patrón: el príncipe reacciona con mayor sensibilidad ante las miradas ignorantes que ante cualquier reprimenda y parece considerar la ignorancia como una ofensa mayor que la crítica abierta.
Llama la atención que su actitud cambia tan pronto como recibe la atención que busca. Entonces se vuelve más silencioso, más atento, casi recogido, como si hubiera alcanzado su objetivo. La provocación da paso a un comportamiento expectante que más bien une que desafía.
En la corte no se habla abiertamente del asunto, pero se da por conocido: el segundo príncipe vive de las reacciones. La atención es su moneda, y la utiliza de manera deliberada. Si lo hace por inseguridad, ambición o simplemente por gusto por el juego queda abierto. Lo único seguro es que el diplomático ya ha pasado a formar parte de este juego, sin haberlo pedido jamás.